Mi amigo Fidel

Lo sé. Anticipo el chaparrón por parte del otro bando ( unos 3000 millones  aprox.) pero no puedo más que manifestar públicamente mi afecto y admiración por Fidel Castro. Venga, ahí va: tirano, asesino, dictador, megalómano, chapas, barbudo ralo, “este hijo de perra no se muere nunca”….la lista es tan extensa como personas pronuncian tales adjetivos y sin embargo a día de hoy, el mundo es un lugar más desapacible. Y lo es por la sencilla razón de que ahí fuera cada vez hay menos personas que están dispuestas a arriesgar sus vidas por una idea, pero no una cualquiera sino una enorme con forma de isla en mitad del Caribe, repleta de playas cuyos accesos quieren ser controlados por los USA o los jodidos Escarrer, pobladas por ciudadanos que parecen ser razonablemente felices a pesar de las equivocaciones de su líder, un militar que fue capaz de apretar el gatillo en numerosas ocasiones  y sin embargo provocar en mi una impagable sensación cuando pienso en ese dedo “corazón” bien erguido en la cara de DWIGHT D. EISENHOWER y otros 10 más:

” Somos pequeños pero no pasamos por el aro, gilipollas”.

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Eso es de una dimensión tan enorme que se antojan absurdas las comparaciones con otros jefes de estado, un tal Franco o el mismo Trump, uno  especialista en lograr ¿ el qué? y otro que antes de haber comenzado su mandato genera más temor o ansiedad que todo el partido comunista cubano armado hasta los dientes.

Si, lancen sus dardos, ¡ adelante!, tengo mi pecho palomo preparado con una diana multicolor entre los pezones, pero Fidel era amigo mío.Será que yo vivía lejos de esa ridícula isla con forma de aldea gala, que hace falta vivir el día a día de un cubano para darse cuenta de su verdadera Verdad, pero resulta difícil no creer que este hombre no pensara en el avenir de su pueblo y que en el intento no hubiera metido la pata muchas veces labrándose enemigos pro Trump, pero la realidad es así, compleja, llena de vértices y sombras que, pasadas por el filtro de la percepción ( vía familia, medios de comunicación, el lugar que ocupamos en el planeta tierra) nos generan imágenes de aquellos que destacan sobre los demás. Y la mía no es una cara de un tipo impresa en unos calzoncillos, ni una matanza irracional en nombre de una revolución que parece un término propiedad de Apple, sino la de alguien que, como decía Silvio, murió como vivió: con la cabeza alta, el pie sobre una roca llena de musgo en mitad de la selva y mirando de frente un mundo donde los poderosos no siempre ganan, y si lo hacen, se lo tienen que pelear.                                          ¡Buen viaje, comandante!

P. D: Fidel era además el único tipo que estaba elegante con un chándal….a ver si Franco puede decir lo mismo.

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