El padre y el cosmos

Mi padre, tu padre, nuestro padre…Así comienzan muchas frases empleadas por los amigos para explicar alguna cuestión compleja, los mismos que, a pesar del paso del tiempo, continúan disfrutando de la jubilación de sus progenitores al tiempo que ellos alcanzan un cierto grado de florecimiento profesional y a veces personal. Pero, si no sabemos quienes somos, ¿cómo podemos saber quién es en realidad un padre?

Por supuesto la respuesta dependerá  del receptor pero a diferencia de las madres que son universales, sólidas, inmutables e intercambiables, generadoras de vida, amor y de todas aquellas sensaciones próximas a unos brazos cálidos que te recogen cuando te haces daño en las rodillas, los padres se caracterizan por representar una figura que muta a medida que los hijos crecen.

Y es que con nuestros primeros pasos tendemos a pisar la hierba de la jungla hasta que oímos esa voz grave, de cuerda vocal ancha y larga, autoritaria, casi sexual, exhortándonos que ya es hora de volver a casa. Y después vienen los granos, el pelo largo y los Maiden y ellos son el centro de nuestros dardos envenenados pero esta vez con unas cuantas copas en el cuerpo y recién salidos de la disco-light. Y después vienen nuestros músculos y nuestro futuro y nuestro yo, mi, me, conmigo coincidiendo con su sometimiento a la fuerza de la gravedad, a las canas como ríos de plata, al paso de los años y a la aceptación de que la carne se pudre, momento en que pierden su autoridad paternal para ser más cercanos, en ocasiones más amigos y casi siempre más tiernos, ancianos que rehusan a hablar mucho por teléfono porque mejor nos pasan a mamá.

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En mi caso, mi padre y yo nos comunicamos de otra manera: yo grito y mi voz asciende hasta las copas de los árboles, abandona la atmósfera, atraviesa los agujeros negros, franquea la puerta de Tannhäuser, salta la valla de los confines de un universo en permanente expansión y le pido que venga a vernos, que para encontrarme solo tiene que seguir el latido de los corazones solitarios en el cosmos. Y lo hace.

 

 

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