El gimnasio: el lugar más poblado de mi ciudad

Es un hecho: la calle está vacía y sin embargo llegas al gimnasio, lugar de peregrinación  hasta no hace demasiado tiempo de trozos de carne hormonada y solitaria que desayunaban, comían y cenaban pechuga de pollo a la brasa, para convertirse en el epicentro de la vida social de la ciudad, porque ahora la vida, tal y como la conocíamos, no es tal, sino que ha mutado hacia la bida con b de bio. Y siguen entrando hordas y hordas de gente, novios enamorados de la serotonina deportiva y familias al completo que han substituido el fin de semana en el campo y la misa de los domingos por sesiones de zumba para la madre, pesas para el padre y piscina o Go Fit Kids para los más pequeños de la casa (sí, los niños también mutaron y ahora nos referimos a ellos en inglés, que es más universal).

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Es tan brusco el cambio hacía la vida nómada y sana, de eslogan de superación, siempre acompañada del último grito en modelitos del color de las luces de neón y zapatillas que incorporan más tecnología que en un Boeing 787-9, que incluso todas las actividades limitadas al ámbito de nuestra intimidad se desarrollan bajo este techo con total impunidad: lectura de libro y Hola sobre bicicleta estática, reunión de compañeros de kundalini yoga en la barra de la cafetería en torno a un zumo detox recién exprimido de apio, semillas de lino y jengibre, foto frente al espejo que devuelve una imagen distorsionada, gente flácida que espera su turno con el dietista apostado en mitad del hall y desesperado por la cantidad de trabajo…

Pero lo peor no es eso, sino tener que soportar las miradas de de desaprobación de tíos y tías buenísimos que sudan mucho (levantan ruedas de camión y ascienden por cuerdas como el que se cierra la bragueta) al escucharte decir que lo que más te apetece ahora, después de tus veinte minutos de carrera sobre la cinta y delante de la televisión, es un bocadillo de fuet y una cerveza.

Y uno se pregunta, ¿todo esto es necesario para follar más o solo son señales de un nuevo fin del mundo?

 

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