La feria de abril de Sevilla o de como el mundo es un gran Coachella

BeFunky Collage

Es impresionante, acojonante, absolutamente intercambiable (con alguna salvedad en forma de elemento puramente patrio o yankee). Es el mundo del ocio, del pedo, de la celebración de la vida, convertido en un desfile de modelitos del Primark en rebajas.

Miren al señor Carlos Herrera (margen inferior derecho, no confundir con el superior ídem) sonriendo a la cámara con sus gafas de sol que le enviaron por correo un par de días antes, con esa camisa con muchos botones y los mocasines tan relucientes como el cristal de sus Hawkers, ¿ya hemos dicho que se las regalaron? Y esas chicas tan delgadas pero con enormes escotes y repletas de accesorios que en unos casos son flores, en otros gorras, en otros peinetas y abalorios de corte oriental (9,95 en el Bershka), a veces sentadas muy naturalmente en sillas de color verde esperanza y rojo pasión, delante de caballos que tiran de carretas, consumiendo en ocasiones una Cruzcampo que patrocina el evento del año en Sevilla y otras veces Heineken en el caso del festival de Coachella (Indio, California).

Y es que las barreras se rompen y el mundo se olvida de las diferencias entre un señorito de Cuevas del Almanzora y un afroamericano de Compton y los dos posan con el mismo aire de “miradme, me lo he currado para salir bien guapo”.

Pero hay una cosa que no llego a entender bien, que se me escapa y que va más allá de norias que giran delante de un sol que se esconde por  detrás las montañas, de un grupo de gente pasando calor y bebiendo fino en casetas a 45 grados a la sombra, de los modelos, los toreros, las cacas de caballo en el suelo, los baños colapsados del festival, el flamenquito, David Getta y su USB cubiertos de sudor, de las risas y el cachondeo, del arte y el salero, y es por qué coño en la feria de Sevilla los hombres van vestidos de boda si nadie se casa ese día y a las pocas horas, cuando todo el mundo va pedo, uno acaba utilizando la corbata como hachimaki (cinta, normalmente de tela roja o blanca, que los japoneses se anudan en la cabeza como símbolo de esfuerzo o constancia).

Esa y no otra es la razón por la que España tiene un punto diferente y Sevilla un color especial y el mundo es una pasarela que cada vez nos representa menos a todos o quizás yo esté loco o amargado o las dos a la vez.

 

 

 

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