No hay nada que hagas bien

No hay nada que hagas bien: párate un segundo, mira a tu alrededor y compruébalo por ti mismo. No comas chocolate o bollería, no bebas agua con gas, no comas carne roja, carbohidratos en la cena, pescado azul, palmeras de chocolate y aceite de palma, salchichas envasadas o pan sin gluten. No adoptes a un perro y luego pidas una hamburguesa para llevar. No te tires de cabeza donde no cubre y,  si te quedas mirando cómo todo el mundo se zambulle en la piscina, no traspases el perímetro delimitado por la sombra, el mismo que te concede el raro honor de ser el raro de la pandilla, el turista accidental, el que con su amor por los viajes y por conocer otras culturas está convirtiendo el mundo en un lugar colapsado por la crema, los niños y los chiringuitos con menús del día con patatas fritas de bolsa. No duermas. Si lo haces demostrarás una enorme irresponsabilidad porque, ¿cómo vas a hacerlo si hay cientos de miles de personas que mueren a cada instante bajo fuego enemigo, entre los puños de un marido poseído por los celos o con una percha en su vagina? No trabajes. Si lo haces estarás quitándole oportunidades a tu compañero en la fila del paro. Demasiado tarde: tu nuevo trabajo en una nueva aplicación disponible y gratuita en iTunes que esta mañana ofrece una canción de Maluma al mismo precio que una de Sufjan Stevens. Roba. Si lo haces no irás a la cárcel y si ya estás en Alcalá Meco entonces has llegado a la conclusión de que los verdaderos prisioneros son los que están ahí fuera. No hay nada que hagas bien. Tus hijos te odian, tus amigos no te comprenden y lo único que se te ocurre es encogerte de hombros y a veces, en los peores días, pedir perdón a un dios al que solo ves en los salpicaderos de los taxis. No elijas. En caso contrario probablemente coincida con un señor llamado Trump o Sánchez o Macron y para entonces te habrás arrepentido de hacerlo. Haz deporte en la cama. Mejor aún, no lo hagas porque podrías lesionarte y esos pequeños te necesitan en plena forma, que tú y tu pareja fundéis una sociedad limitada invencible generadora de ingresos para comida, pañales y vacaciones en verano y algún invierno cálido. No sudes. Esa agua es necesaria para regar la tierra que ha sido quemada por el hombre sin la ayuda del sol, el mismo que broncea y genera quemaduras en mi piel con la forma de una esvástica. Directamente no te mueras: te sentirás mejor, más sano y menos lleno, podrás alargar tu vida hasta llegar al asilo, solo, con televisión por cable, dos mudas de  bata blanca y vistas a un jardín de infancia… y esto es solo el principio de tu vida, una especie de convalecencia eterna con derecho a unas vacaciones.

Basado en las palabras de Dylan Moran.

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