Tregua ante la sinrazón

La lengua y sus voces hacen tanto tanto ruido que la mañana de hoy, agotada ya desde primera hora, se merece una tregua. Entre las múltiples posibilidades que ofrecen los viajes estáticos se encuentran las orillas, la que uno quiera, y junto a esa orillas una corriente, y de la corriente al mar. Incluyamos cuerpos a flote y con sed. ¡Hace tanto tiempo que no bebemos champagne! Llenemos una copa en el océano para brindar por el tiempo encontrado de París, el de la bohardilla en Malasaña o la casa de campo con perro y nube al fondo. En ese trayecto hacia detrás hubo varias despedidas de aeropuerto y al borde de la acera, dos lágrimas en la mejilla y un avión sobrevolaba el Índico. Siempre te querré dijo ella; siempre tuyo añadió él, y dos cuerpos formaron una estela entre los millones de cielos y tierras. Nada se destruye, sólo arañamos el mundo.

Dormimos en un cuarto con todas las comodidades: pan de molde, agua y tiempo. Y, como en todo recuerdo que se precie, sonaba Randy Newman en el funeral de una chica de Texas, o Camarón en las manos de una canastera. Insisto; cada uno rememora los suyos con la particularidad de que son un poco míos, están en los libros, imitan la ficción.

Resulta que los mayores también juegan mientras los niños rezan, y de alguna manera un poco extraña todos necesitamos saber que hay algo más allá de la carne y las peluquerías. El amor supremo, un rasguño en las rodillas, la primera vez que montamos en bicicleta, el perfume de mamá, la salida de aquel concierto, sus ojos bajo el primer rayo de la aurora. Ni la rabia ni el miedo podrán arrebatárnoslos. Brillan, los llevamos puestos, y además nos salvan.

Ilustración: Leonardo Cremonini

El enemigo de Vox es la realidad

Ayer muchos vimos el cartel de Vox en la estación del Cercanías. Fondo verde ejército, el Pirulí y Rocio Monasterio mirando al horizonte escoltada por un Abascal a los micros. Nada de nuevo; dos fachas muy fachas hacen campaña bajo el eslogan «Protege Madrid». Pero ¿de quién? ¿De los comunistas? ¿De los menores inmigrantes que llegan solos a España? ¿De los colectivos LGTBI? Mamporreros del enésimo mantra neoliberal contra el Estado y a muerte con la privatización vuelven a demostrar una capacidad innata para alentar el miedo. Como siempre, el enemigo al que señalan posee dos caras. Una permanece oculta detrás del muro, invisible, promesa incumplida. La otra, vista desde lo alto, tiene la forma de un espantapájaros.

Sucede lo mismo en las escuelas. Los abusones se ensañan con los más pequeños, demuestran su fuerza en contraste con la pasividad —el resto, como en el tren, solo mira— para lidiar con el día a día. Así y desprovistos de argumentos, tratan de desviar la atención hacia los otros, a poder ser sin derecho a réplica e ignorando la peor de las certidumbres: el enemigo que buscan está en ellos. Parece que hablamos de la guerra. Pero no. ¡Más madera, esto es la política!

Frente al cartel del odio detecté algún gesto contrariado, poco asco en general. Sin embargo, ninguno nos paramos a intentar descubrir el truco, la mentira concentrada en dos palabras y una candidata que hace del odio su bandera. Decía Borges que «hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos». La realidad sigue sacando partido de la ficción, y eso es, ademas de inmoral, muy sucio.

Ilustración: http://sergioingravalle.de/

De Miguel, de Bosé y del negacionismo

Y seguimos para bingo (-). Después de la entrevista a Miguel, a Bosé y a toda la troupe que cohabita en el interior de una persona, se ponen de manifiesto otras tantas cuestiones. La primera es que algunos siguen un régimen de drogas muy estricto para mantener la mente ágil. La segunda es que envejecer y hacerse muy viejo confluyen en el hijo del torero y la musa. La tercera se puede resumir en una línea: ¿es necesario dar voz a personajes públicos que carecen de los conocimientos para hablar, en este caso negar, una enfermedad que ha matado a tres millones de personas en el mundo? Resulta que sí, precisamente porque semejante temeridad implica enormes audiencias.

El caso es que negacionistas ha habido siempre. Si el Holocausto fue un montaje, entonces el VIH una combinación de sustancias nocivas y problemas nutricionales. Si el cambio climático responde a una pataleta de Greta Thunberg, entonces la teoría de la evolución queda invalidada por las creencias de fundamentalistas bíblicos. También andan metidos en cosas de andar por casa: Elvis Presley baila en un búnker, Jesús está entre nosotros —probablemente en la Comunidad de Madrid— y la verdad no se encuentra ahí fuera. Solo tienes que buscarla.

Lo peor de todo es la seguridad que Bosé, en nombre de todos los negacionistas, esgrime cada vez que abre la boca, esa convicción de plantear un debate legítimo cuando, en realidad, todo apunta hacia el mejor callarse. Así se reafirma, saca pecho y señala la ceguera crónica de una sociedad boba. El dogma ha vuelto, búscalo, ¡está en el Internet! Nos queda la duda de saber si Miguel estará al corriente de que la desinformación, a día de hoy, mata. Y mucho.

Ilustración: Joey Guidone

Yo soy de Pfizer

Cito: «El periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer». Con este axioma Frank Zappa hacía referencia a la única constante en el comportamiento humano desde que aprendimos a caminar prescindiendo de las patas delanteras. Partiendo del hecho de que todos ignoramos infinitamente más de lo que sabemos, creemos o desearíamos saber, los hay que no saben lo que deberían. De esta forma, políticos, periodistas y colaboradores televisivos en horarios de máxima audiencia demuestran que pasar por alto su propia ignorancia les asegura la empatía denegada a los expertos. El máximo exponente de esta tendencia, asentada en el 2021, es sin duda Tamara Falcó, una que que nada sabe por desprecio al conocimiento. Pero es que es tan mona…

Ojo que como ella hay muchos, tantos que la categoría de ilustres ignorantes se aplica a catedráticos y doctores, precisamente porque de poco vale el conocimiento cuando lo que prima es el alcance de la opinión vertida, los retweets, las visualizaciones, como si lo números legitimaran un contenido convertido en continente. En parte es debido al exceso de información como antítesis rara del conocimiento, a la fascinación que sentimos por los que, sin tener ni idea, prosperan en nombre de la mediocridad.

Si nos ceñimos a la definición de sabiduría, facultad para actuar con sensatez, prudencia o acierto, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que Tamara poco tiene de sabia. También que poco se diferencia de los supuestos dueños de una capacidad intelectual superior a lo que demuestran en sus vehementes intervenciones. Al final los cántaros vacíos son los que más ruido hacen y la estupidez es una cuestión de pereza. La que ella me produce es infinita, la misma que le genero a Tonino con mis artículos. Ella es de Pfizer, yo de Robin. Y así todo.

Ilustración: Phil Jones

El cumple de Abascal y la II República

Sí. Apuntadlo bien en el calendario de las fechas importantes. Hoy, 14 de abril de 2021, es el cumpleaños de Santiago Abascal, futuro presidente de la República de Nuestras Pesadillas. La noticia en sí es tan irrelevante como el lanzamiento de un nuevo disco, pero lo importante son las felicitaciones de sus hinchas, una especie cada vez más numerosa capaz de transformar la certidumbre de un futuro peor en un presente más facha, más intenso, gloria. Destacan: «Hoy es el cumpleaños de una persona que solo y megáfono en mano, se lanzó a la calle para luchar por y para España»;«felicidades Santi, qué bien te conservas, ¿cuál es tu secreto más allá de no dar un palo al agua?»;«cumple años un gran líder que, aunque no le conozco personalmente, hizo cambiar mi visión y la de mucha gente de la política, alguien extraordinario que me ha hecho soñar otra vez con una España grande y libre de comunismo».

Está claro que un hombre así despierta erecciones y bilis, una mezcla entre lo que algunos necesitan oír y otros prefieren ignorar para decir bien alto que hace noventa años la II República Española nacía en brazos de Niceto Alcalá- Zamora. Aquel día, un rey incapaz se marchaba siguiendo la tradición, el pueblo salía a celebrarlo y el cambio de régimen tenía lugar sin derramamiento de sangre. Educación pública, mejoras de los salarios y conquistas sociales frente al abismo que separaba a amos y trabajadores, a católicos y anticlericales, al orden y el idealismo. Duró poco, más o menos lo que duran los sueños antes de la guerra.

El conflicto continúa. Es cierto que se prescinde de balas, sin embargo es igual de ensordecedor, cruento y hostil. En eso Abascal tiene algo que ver y por eso sonríe, sopla las velas y continúa su cruzada particular contra cualquier vestigio republicano. Que cada uno elija la celebración que más le convenga sin perder de vista que el pasado es «la única cosa muerta cuyo aroma es dulce». El presente huele a rancio y Abascal es su vanguardia. Felicidades, señora; que cumplas muchos más.

Ilustación: Cristina Daura

Maldito maltrato animal

Visiono con un amago de nausea las imágenes, presuntamente cotidianas, del laboratorio Vivotecnia. El taller del horror, dedicado a la investigación toxicológica y farmacéutica con animales, muestra al ser humano en la peor de sus versiones: cruel e implacable, una bestia entre cerdos, ratas y monos torturados según los preceptos básicos de Auschwitz y Treblinka. Se excusan en que lo hacen en nombre de la ciencia, para salvar vidas. La banalidad del mal, patrimonio exclusivo del hombre fieramente humano, siempre actúa por cuenta propia gracias a la colaboración de sus vecinos, «buena gente, del barrio de toda la vida». Después de intubar a un perro sin anestesia, agitarlo por el cuello y dejarlo morir tras varios espasmos, el trabajador se quita el uniforme, regresa a casa y se come un sandwich vegano.

No es la primera vez que sucede algo así. Tampoco será la última. La experimentación con animales para ayudar a los humanos ha sido un gran fracaso. Desde el principio. A pesar de los importantes beneficios obtenidos para el bienestar de la sociedad, rompe las reglas del juego, esas que mencionan el equilibrio y la convivencia de todas las especies del planeta. Por supuesto, la tecnología desarrolla alternativas como las pruebas in vitro, el modelado informático y la microdosificación con voluntarios, inasumibles para ciertos sectores por razones económicas.

Supongo que este laboratorio será clausurado. Por el contrario, dudo que a corto plazo se replantee la relación del hombre y los animales, los que son utilizados como cobayas y también “humanizados” con lo último —zapatillas, gafas y abrigos incluidos— como si se tratara del complemento perfecto para el dueño. Resulta que los animales existen por su propia razón, lejos de los planes que tengamos para ellos. Da para reflexionar y maldecirnos.

Ilustración: http://www.bloodyhellbighead.com

Las dos caras de la misma mentira

Lo más fascinante de la mentira es su capacidad para llevarnos lejos. El problema es volver, aunque en los últimos años muchos se han labrado una carrera reforzando las convicciones más erróneas de otros muchos, como si de pronto esos supuestos iluminados fueran capaces de moldear la realidad para adaptarla a nuestra propia conveniencia, una forma de mentira elevada a la categoría de hoja de ruta. Y así, el tiempo cumple con su cometido y despeja las dudas, derrite lo que la franqueza esconde. Entre la sombra y el claroscuro aparece el flash sobre las dos caras de la misma mentira, estadísticas mediante.

Por primera vez el doctor Jekyll y señor Quirón, el crimen y la huída en coche, el villano y su madre, en definitiva, la sintonía entre pares complementarios y dependientes confluyen en la cara de Santiago Díaz Ayuso, a la derecha, e Isabel Abascal Conde, más a la derecha si cabe. Porque a veces hay que ver para creer, sabiendo que la mentira jamás se deshace, ni siquiera con la vela de la verdad por delante. Mismo iris, boca sin complejos, cejas en forma de gaviota y cruz gamada a media hasta. Entre medias, una mujer en el cuerpo de un fascista y un hombre en la cabeza de una disfrutona.

Nos queda la duda de saber qué piensan de verdad los dos responsables —merecen el calificativo aunque cueste— de convertir la ficción en titular diario, la política en bidones de gasolina y la insensatez en argumento político inapelable. Verlos así, en odio y compañía, nos da una idea más clara de que el antagonismo de su dualidad se resuelve con un voto que los equilibre y deje fuera. No a Vox ni al PP. Nunca.

Ilustración: Rafael Mateos

Lo que hemos envejecido en un año

Está claro; el paso del tiempo les cuadra a algunos. El resto debemos asumirlo lo mejor posible, un poco sin ganas y otro poco sin gracia, aunque convencidos de que algo bueno tendrá ser más viejo e igual de gilipollas. Sin embargo, en los últimos meses se ha producido un fenómeno demoledor entre toda la población —exceptuando a Brad Pitt, Coque Malla e Isabel Díaz Ayuso—: todos hemos envejecido en un año lo correspondiente a un lustro. Y no es porque nos veamos con menos frecuencia, que también, sino porque la pena, la estrecheces y la espera se han cebado con muchos, en particular con los sanitarios.

Y es que si Maria Antonieta encaneció minutos antes de ser decapitada, estos trabajadores de trinchera muestran los síntomas típicos de cualquier presidente del gobierno en funciones. Y no me refiero a las ojeras, la mirada de UCI saturada, la piel fundida con la calavera y una pesadumbre que implica una aceleración kamikaze del deterioro celular. No. Lo peor es, precisamente, todo lo que arrastran y se guardan, un fardo que implica morirse muchas veces mucho para seguir manteniendo con vida a otros muchos.

Los demás, incluidos los de las cañas de la libertad, crecen a un ritmo menor. Así los hay que han optado por llevar zapatillas de deporte en cualquier ocasión, otros repiten las cosas tres o cuatro veces como sus respectivas madres, y a la mayoría, de pronto, les encanta madrugar, aprovechar el día y hasta hacen ruido al atarse los cordones. Es curioso que todos hayan acabado haciendo lo que jamás creyeron que llegarían a hacer. La única diferencia radica en que solamente algunos han aprendido algo. Qué cosas.

Ilustración: http://www.andreatorresbalaguer.com

Kurt Cobain

Hoy. 27 años desde que Kurt Cobain lo dejara… con 27 años. Porque a veces los números importan por aquello de contar las balas. Se pegó un tiro después de odiarse a sí mismo toda una vida. También odiaba lo absurdo de una industria voraz; la responsabilidad (nunca asumida) de ser un ejemplo para millones de adolescentes; lavarse el pelo… Yo engullía una tortilla de patatas cuando escuché la noticia por la radio y días más tarde vi la foto: una pierna y un brazo extendidos sobre el suelo y un oficial de policía de rodillas tomando notas. Diagnóstico muy turbio; el “grunge” entraba en coma.

Es extraño lo que nos pasa por la cabeza cuando desaparece un íntimo al que nunca hemos visto en persona, quizás de lejos en algún concierto. De pronto, percibimos esa última nota, sus canciones se solidifican en el tiempo y el recuerdo y, sin querer, algo en nosotros se apaga. Es una pérdida abstracta, él en Seattle, nosotros en Madrid, dolorosa sin llegar al llanto de la pena pena. Sabíamos que nada dura para siempre, nos negamos a creer que todo termine tan rápido.

A diferencia de las historias de terror en las que “algo” que no debería estar vivo respira, en la de Kurt sucede lo contrario. Con el aniversario de su muerte la leyenda florece, refresca el ambiente, anticipa el verano. A estas alturas poco importa el misterio que siempre rodeó sus últimas horas, precisamente porque otro misterio reside en sus canciones, ruidosas, rápidas, con olor a rollo adolescente en chaquetillas de lana. Es verdad que con las luces apagadas es menos peligroso, pero aquí estamos nosotros, sobreviviendo, y él sigue a lo suyo, entreteniéndonos 27 años estando vivo.

Ilustración: http://www.cocodavez.com

Nómadas del tiempo

Desde hace algo más de un año, variable amorfa por su incapacidad para no contentar a nadie, el tiempo gira en paralelo a la tierra, es decir, avanza sin frenos. Así y por mucho que frenemos o viajemos del pasado al futuro —aguantar en el presente es una heroicidad— resulta imposible librarse de ese impulso. Resulta más evidente aún con el paso de las estaciones. Primero fue la primavera de interiores del 2020, después un verano desértico por la falta de turistas. Más tarde el invierno llamó a la puerta de casa —vino en Glovo— para, con el nuevo año, dar el relevo a una primavera que, siendo bienvenida de cara a renovar el vestuario, tampoco convence por la mascarilla. Será cálida y brillante, pero nada trompetera.

Si uno se coge la bicicleta y sale del perímetro de la ciudad, recupera algunas sensaciones. Hay conejos y zorros cerca de los arcenes, los almendros pintan de blanco el paisaje y los ríos vienen cargados. Será la pena y el desconsuelo que sólo se ahogan en la calle Ponzano o la taza del váter… El caso es que vida sigue habiendo ahí fuera, al menos la nómada, una manera de pasar manteniendo cierto apego por la nieve acumulada en los caminos y los agostos de soles como las cerezas.

Los que lo quieran comprobar y no tengan el carnet siempre pueden recurrir a “Nomadland“, la última película de Frances McDormand. En ella, una mujer de mirada en otra parte y envuelta en precariedad recorre su país en una furgoneta-casa. Conduce sin rumbo, guiada por una sensación de pérdida que le lleva a conocer a otras personas con las que comparte desconcierto, desarraigos y la sensación ineludible de que los viejos tiempos, descontados en señales de tráfico, fogatas o litros de gasolina, fueron mejores. Sin embargo, no fueron 2 de abril de 2021, el nuestro hasta mañana.

Ilustración: Saul Steinberg