Campeonas

Misa, Enith, Cata, Oihane, Laia, Ona, Rocío, Irene, Olga, Ivana, Jenni, Teresa, Aitana, Alexia, María, Irene, Claudia, Mariona, Eva, Salma, Athenea, Alba y Esther han ganado un mundial de fútbol, juntas y sin 47 millones de españoles jaleándolas. Porque, por primera vez, una victoria genera roce entre miembros del vestuario nacional. Se suponía que ganar era motivo de alegría —excepto para el perdedor — y, sin embargo, esta estrella viene con celebración y mucha mala hostia. Será porque son mujeres, 23 contra muchos y que, ironías del destino, hoy son referentas para las niñas que prefieren tirar a puerta y enterrar muñecas.

Copio de un grupo de WhatsApp: «Si enseñaran las tetas tendrían más audiencia; son malísimas; si les están haciendo un favor por ser tías, ¡además el entrenador es un maromo!». Supongo que ninguno de estos críticos tendrá una liga en casa. Probablemente estén hartos de tanta mujer por todas partes, hasta en el centro del campo, ¡qué valor! Gracias a ellos algunos caímos en la cuenta del miedo de los que calientan la grada. Habrá que rebatirlos, aunque estén ciegos y rabiosos. A ellas, en cambio, hay que jalearlas por la hazaña… con los ojos bien abiertos.

El fútbol masculino se profesionalizó en 1885. El fútbol femenino en 2021. Llega, por tanto, con más de un siglo de retraso y una promesa: las cosas cambian poco a poco, también el significado de levantar copas. Se incumple la máxima de no decir nada durante las derrotas y guardar silencio en la victoria. Mañana, el mundo seguirá girando sobre el césped, redondo y a lo suyo. Por eso hoy conviene dejar claro quiénes son las campeonas. Hicieron lo imposible venciéndose a sí mismas. Con un gol, un tanto definitivo a ras de un cielo verde ahora de ellas.

Ilustración: Emiliano Ponzi

 

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