Viajar es de paletos

Sucedió de repente, igual que sobreviene la presbicia. El planeta era enorme, una bola azul con una superficie sólida de 150 millones de kilómetros cuadrados, un total de 8.000 millones de hectáreas habitables. Pues bien, los terrícolas, llevados por su ansía de conquistar y una enfermiza fascinación por la palabras conectar y experiencia, ahora hacen cola en la sabana y el centro de Segovia, en la cima del Everest y un puesto de comida ambulante en Condesa. Da igual, aquí ya hay más gente que personas por una razón inusitada: viajar, una vez sinónimo de la aventura de vivir, se ha convertido en una cosa de paletos. Por desgracia, nadie se baja en la próxima.

Las razones para esta crisis de mucha gente con recursos escasos y redes ilimitadas se encuentra en los precios artificialmente bajos de las compañías aéreas, en los salarios turísticos, en las ganas de chinos, indios y rusos de explotar el mundo y esa costumbre tan nuestra de contar las vacaciones a los compañeros de trabajo antes y después de habernos ido. La inmediatez trasladada de la pantalla a la puerta de embarque trae consigo la destrucción de ecosistemas rurales y urbanos y deja patente que solamente reaccionamos cuando es demasiado tarde. Se le llama usura, pero muchos la confunden con un modo de vida. ¿Acaso no lo veis? ¡El Apocalipsis de los campos de lavanda ya está aquí!

Queda claro que ser moderno consiste en quedarse en la nueva casa con columnas de los Javis, salir de resaca los lunes, aspirar a que las capitales de moda asuman sus errores y practiquen la autocrítica. ¿Hasta cuando tendremos que escuchar la farsa del turismo de calidad (entre comillas)? La explotación consiste en quemar los destinos, en serie, uno tras otro y a por el siguiente, hasta que solo nos quede un recuerdo en el móvil. Los ricos se pagarán algo mejor y los pobres trabajarán para los ricos. Lo decía Celine en Viaje al fin de la noche: «De los hombres, y de ellos sólo, es de quien hay que tener miedo, siempre. La verdad es una agonía ya interminable. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir». Y después viajar con boina.

Ilustración: Darek Grabus

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