leer es una forma de desaparecer

La gente a la que le gusta el frío

Hay gente a la que le gusta el frío. Lo dice así, fríamente, con los vasos sanguíneos contraídos y una convicción que inquieta, como quien confiesa que solo fuma cuando sale. El frío es repelente: te encoge de hombros, te mete la nariz dentro del anorak regalo de tu madre, te obliga a caminar en posición cuadrúpeda, te empuja hacia dentro de las casas, hacia un mundo de capas y puertas cerradas, de manos ateridas que ya no saben despedirse. El frío, cuando es frío cabrón, ordena, corrige. Y uno corre a Colombia para combatirlo.

Pensábamos que el frío era una cosa de antes, un trilobite mal conservado de otros inviernos, y ahora regresa cuando nadie se lo ha pedido, como regresan ciertas ideas o ciertos miedos que creíamos sepultados por el (buen) tiempo. Mejor un poco de calor, leve o moderado, el suficiente para vivir sin dramas y evitar los pantalones cortos y esas camisetas sin hombreras que convierten a quien las lleva en culpable, en alguien que parece pedir perdón por existir. El calor, cuando está en su punto, permite la tregua que la actualidad nos niega, la posibilidad de quedarse un rato más. Por favor, sol, quédate a dormir.

Los seguidores del frío, en cambio, son otra cosa. Kamikazes. Gente rara. Un poco dislocada. Personas que confunden la incomodidad con el carácter y la resistencia con una forma de superioridad moral. Presumen de no sentirlo, ¡ni que el cuerpo pudiera dejar de ser un cuerpo a voluntad!, un rato, una estación que va la última por algo. Hay en los amantes del corazón polar algo de desafío inútil, de épica mal entendida, hípica con perros de trineo. El frío no hace mejores a las personas, solo las vuelve más solitarias y más solas. Y aun así, lo celebran, con la una rigidez convertida en una forma legítima de estar en un mundo de nieve.


Comentarios

10 respuestas a «La gente a la que le gusta el frío»

  1. Avatar de La Huesos (Fran)
    La Huesos (Fran)

    Al fin una defensa razonable de quienes disfrutamos del calor reconfortante del sol, sin que ello signifique tener ganas de derretirse bajo más de 40° C.

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    1. ¡Había que decirlo, joder!

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  2. Yo soy de los tuyos. Aquí en el norte hay gentes que disfrutan fumando sin tabaco y dejando huella sobre el níveo manto, quizás pensando que alguien deseado va a seguir sus rastros. ¡Dame luz, oh señor, y líbrame de los cielos plomizos!…si atormentaban a los galos, quien soy yo para desdecirlos.

    Abrazo Javier, un gusto leerte.

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    1. Somos pocos, pero también legión. Un gusto hablar contigo por aquí. Seguimos leyendo y escribiendo… ¡y esperando el verano! Abrazo enorme

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  3. Buen cambio de plantilla Javier! Te felicito! Un abrazo juan Ré

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    1. Ya tocaba. Gracias, querido

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  4. El frío, ¿qué es el frío?  ¿qué es el calor? Son conceptos subjetivos, arbitrarios, pasionales, y defendidos de modo, quizá, hasta un tanto iracundo. No podrás convencerle a alguien que tiene frío de que no lo hace, ni a alguien que tiene calor de lo contrario.
    Pero vamos a intentar ser racionales.
    Estoy convencido que casi todas las personas de nuestro entorno nos encontramos cómodamente en un rango de temperaturas de entre los 20 y los 25 grados Celsius (por si acaso). Es un rango que nos permite disfrutar de todas esas cosas que se nos cuentan sin necesidad de recurrir a esos pantalones y camisetas que rezuman “culpabilidad”.
    Pero, a partir de este rango de consenso subamos la temperatura unos 15 grados. Nos plantamos en 40. Una temperatura potencialmente mortal, donde el golpe de calor está a la vuelta de a la esquina, en un esfuerzo un poco intenso, o en una exposición al sol. ¿qué haces contra esos 40 grados? Nada. Bajar las personas de la casa y convertir tu hogar en una sucursal de la oscuridad invernal al mediodía.

    En cambio, bajamos la temperatura esos mismos 15 grados. Lo convertiremos en 5. Sí, son suficientes para que, en determinadas ocasiones, se pueda fallecer por hipotermia, pero el abanico de posibilidades para sobrellevarlos es mucho más amplio. Una ropa adecuada y cierto nivel de actividad ayudan muchísimo a ello.

    Reconocédmelo, si con 40 oC te vas al Centro Comercial o al bar de la esquina porque tienen aire acondicionado NO te gusta el calor, aunque pienses lo contrario.
    En cambio, a los que nos gusta el frío 5 oC es una temperatura que estimula el paseo, aunque las castañas asadas también pueden ayudar.

    Conclusión, si estuviera en mi capacidad, las máximas estivales no superarían los 29 oC, pero las mínimas invernales tampoco bajarían de -5 oC.

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    1. Me falta una conclusión aquí…

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  5. Conclusión: llamáis calor al óptimo térmico, pero el calor es cuando se sale de él.

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    1. Me estoy liando muchísimo

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