leer es una forma de desaparecer

Antes la boina que los libros: Sobre David Uclés

Hay escritores a los que se les discute la obra y otros a los que se les fiscaliza. David Uclés (Úbeda, con acento) pertenece a esta segunda categoría, esa en la que la boina, la voz y el flequillo sobre las pestañas pesan más que cualquier frase puesta por escrito. En torno a él se activa el ritual de la crítica integral (físico mediante) frente a lo relevante, que parece ser hablar de todo menos de sus libros (lleva cuatro, ojo). Se le acusa de impostura, de exceso, de poco talento, con una saña que no suele aplicarse a autores más neutros u homologables (con la excepción de Juan del Val…). A David se le vigila y, además, se le dispara con perdigones y bilis, ¿eh, Alberto Olmos, eh?

La polémica que siempre lo acompaña es estructural y viene con un sesgo cabrón a la derecha. Uclés incomoda porque, en contra del canon que persigue al escritor invisible, se expone, ocupa un lugar hasta ahora destinado al músico excéntrico o la actriz pro causas humanitarias por la sencilla razón de que no acepta la comodidad de echarse a un lado que tantos confunden con profundidad. En un ecosistema literario y político que prefiere escritores sin cuerpo, voz o procedencia reconocible, él insiste en salir y mandar a la mierda a Pérez Reverte y quejarse por el precio de los pisos. Y eso genera una violencia crítica notable: la de quienes se sienten autorizados a descalificarlo no por lo que escribe, sino por lo que representa. Su figura, un poco campera, un poco feliz, pone en evidencia la pregunta inevitable: ¿qué se espera hoy de un escritor, exactamente?

Mientras el espacio público se consume discutiendo sobre Trump, Musk, Abascal y otros adalides de una libertad siempre al servicio del interés, no parece tan grave que una parte del ruido cultural lo ocupe alguien que, al menos, arriesga algo propio llamado anonimato. Uclés paga un precio alto por esa exposición: puertas que se cierran, tribunas que desaparecen, complicidades que se rompen. Puede que venda más libros, sí, pero también renuncia a una cierta paz institucional que otros consideran imprescindible para el ARTE. Y me parece bien. La literatura necesita menos autores escondidos y más figuras dispuestas a asumir el desgaste de existir en público. Aunque durante un tiempo —inevitable, sin duda— se hable más de ellos que de su obra. Eso también forma parte del conflicto. Y la literatura, cuando importa, siempre causa bajas en los dos bandos.


Comentarios

Una respuesta a «Antes la boina que los libros: Sobre David Uclés»

  1. Ahora resulta que un subvencionado del Sistema es un rebelde antisistema… el mundo al revés…jajajaAhora resulta que un subvencionado del Sistema es un rebelde antisistema… el mundo al revés…jajaja

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