leer es una forma de desaparecer

Gracias, Bad Bunny

Bad Bunny en el medio tiempo del Super Tazón no importa por lo que canta o deja de cantar, sino por dónde canta y a quién cabrea. En el escenario más caro, vigilado y domesticado del planeta, irrumpe una América que ridiculiza la narrativa del excepcionalismo estadounidense. Nada de los Estados Unidos de América, sino América a secas: mestiza, caribeña, espanglish, rumbera, demasiado salvaje para el decorado impostado del imperio. La música, de fondo; la política, concentrando la atención en todas las pantallas. Touchdown, sorry: ¡anotación!

Eduardo Galeano escribió que “América Latina fue siempre una región condenada a mirarse en el espejo ajeno, reducida a patio trasero, a reserva de mano de obra y de materias primas”. Lo que sucede cuando Bad Bunny ocupa ese escenario es justamente lo contrario: ni traduce, ni pide permiso, ni hostias. Beso’ y abrazo’. Al hacerlo, invierte el eje. Son unos pocos minutos —280.000 dólares el segundo— y, sin embargo, el centro del espectáculo se aleja del país que se cree el mundo. Frente a todos los pronósticos, reaparece el continente que ha aprendido a sobrevivir a su sombra. Esa inversión explica mejor que cualquier análisis económico la decadencia moral —y también simbólica— de Estados Unidos, incapaz ya de imponer un relato único incluso en su propia fiesta.

Trump cabreado… normal. El trumpismo detesta cualquier gesto que no pueda domesticar ni convertir en mercancía patriótica: otras banderas ondeando junto a la Star-Spangled Banner, otro idioma, un ritmo que te desarma las caderas. Al contrario que Rusia o China, Bad Bunny nunca representará una amenaza militar ni económica, pero hoy —9 de febrero de 2026— sí encarna algo más inquietante: la pérdida del monopolio simbólico. Por eso, si Trump protesta, está bien; y si saca de sus casillas a la bancada fascista y a quienes confunden Estados Unidos con América, mejor todavía. La grieta crece cada día y por ahí se cuela algo que llevaba demasiado tiempo esperando su turno.


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