Ese ex que aparece el día de tu cumpleaños

Se trata de una figura recurrente en todas las pantallas. Mezcla de animal al acecho y marcha atrás, utiliza el calendario como arma subrepticia para desearle, normalmente a ella, un feliz cumpleaños, y ojalá estés bien, y a ver si nos vemos un día. Ya lo habréis adivinado. Efectivamente, hablamos del ex que reaparece el día en que naciste para recordarte no que le importas mucho, sino que está disponible, algunas veces cachondo, probablemente nostálgico. La cosa cambia dependiendo de si la cosa terminó regular, muy mal o como el culo. Si fue la C, entonces la única razón de su presencia es que al cumplir un año más estás más cerca de tu muerte. O de la vida sin él.

Existen múltiples teorías respecto a este comportamiento tan fieramente masculino. Cito de menos a más plausibles. Cuestión de respeto o cortesía hacía ti, tú, persona por la que siente un cariño impermeable al paso de los años y las décadas (improbable, aunque, ¿por qué no?). Ese mensaje representa un intento de reconstruir una mierda seca, quizás intentar esa forma de amistad tan especial que algunas parejas experimentan cuando cada miembro ha rehecho su vida con otro (probable, aunque raro). Autorreflexión. Quiere cerrar heridas que chorrean cuando se toma cinco copas (muy probable, habitual).

La cuestión de fondo la plantea Laura: «Si el tío ha sido majo hablaremos el 12 de marzo, el 15 de julio y el 1 de enero. Si llevo sin contestarle a los mensajes desde que lo dejamos, ¿por qué habría de hacerlo el día de mi cumpleaños?». Una lógica aplastante que muchos deciden ignorar e insistir, e insistir, para nada. Así se pasa el tiempo, entre el narcisismo y una memoria emocional muy cabrona, ese olvido que seremos, las posibilidades nunca consumadas, una novia sin memoria y un novio psicópata. Por favor, nunca confundirlo con el amor. Feliz jueves.

Ilustración: Rob Browning

Del éxito a diferentes edades

Decía un fracasado que «el éxito es el punto de encuentro entre la preparación y la oportunidad». Pues bien, este aforismo sirve para un rato. El concepto de éxito se diluye con los años, oscila entre el ladrillo y las pedradas. ¿Os acordáis de vuestras aspiraciones de niños? Viajar a Marte y regresar más jóvenes, ser cirujanos para trasplantar a mundo dislocado o futbolistas recién salidos de la peluquería… Pues bien, eso va quedando atrás, muy poco a poco, a base de desaliento y realidades con espinas, a fuerza de entender que el éxito es un malentendido. Por eso muta.

Tras la fase de conquista, todos nos enfrentamos al extravío. Resulta que vivir es un largo proceso de preparación para algo que nunca llega a suceder, y claro, nos adaptamos. Atrás quedan los flashes y el dinero, más que nada porque muchos quieren una estrella destinada a uno o dos pequeños. Y nadie nos lo enseña. ¿Qué fue de la guapa del instituto? ¿Dónde trabaja el chico de la moto? Ninguno estiró el sueño. Ahora viven en Segovia. No consiguieron disfrutar de lo logrado que fue mucho. Querían más por culpa de una aspiración de pueblo.

Superados los cuarenta cae la máscara, tanto si te fue bien como si aspiras a un cierto grado de tranquilidad. La gloria no viene de fuera, sino de una certeza en las tripas: lo petas cuando te diviertes. Puede ser en un grupo de versiones, paseando a un perro cojo o perdiéndole el miedo a equivocarte. Se es más feliz de viejo porque a ciertas edades ya no se pretende contentar a todo el mundo. Naces, fracasas, recuerdas un mar bajo un sol púrpura y miras a tu alrededor. Rodeado de amigos calvos que te quieren podrás gritarlo al horizonte: tu vida ha sido un puto éxito.

Ilustración: Ryo Takemasa

La gira imposible de Coque Malla (1)

Girar siempre ha sido la aspiración de cualquier músico. Cierras la puerta de casa y el tiempo adquiere una forma viscosa, de carretera encontrada, y te levantas en otra ciudad que nunca visitas y el público te concede su atención durante una hora que en realidad es mucho más porque termina convirtiéndose en recuerdo, a veces crónico, otras pasajero. Digamos que todas estas sensaciones permanecen intactas, pero la experiencia en 2020 es un compendio de eso sin llegar serlo… de ahí que la gira de este verano lleve el inevitable adjetivo de imposible. Porque lo es.

Y es que la imposibilidad también es inherente al músico, aunque Coque Malla no parece ser uno cualquiera. Así es como se lanza a presentar un repertorio en formato guitarra-David Lads-camisas de sastre y lo hace sabiendo que su banda y el significado de las canciones ha cambiado, al menos lo que dure este intervalo de máscaras azul piscina y gel hidroalcohólico, precisamente porque el mundo de ahora, que ni es nuevo ni es normal, necesita mucha música, pétalos, sonrisas, menos desastres y nada de humo durante la función.

No sabemos durante cuánto tiempo será posible seguir haciéndolo, si dentro de unas semanas volveremos a enfrentarnos a la realidad de una casa como búnker o si, en cambio, podremos disfrutar a medias de un verano que se parece cada día más a un simulacro de incendio. Así se nos escurre el presente, conduciendo a casa con la sensación de querer regresar al pasado, allí donde las canciones significaban lo que tú querías que significaran. Y Coque se pone contento pensando en el Naútico en septiembre. Y yo también.

Ilustración: https://www.adesantis.it/