Ser uno mismo

Marco me lo confesó en voz alta: «Eres la hostia cuando eres tú mismo». Después pedimos más cerveza. Desde entonces la frase regresa cada vez que bebo. ¿Soy yo mismo cuando estoy a solas? ¿Soy el que soy frente al escaparate del Leroy Merlin? ¿Soy lo que creo ser? O mejor, ¿soy lo que hago? Nadie es uno mismo porque, con cada parpadeo, el mundo cambia. Quizás tenga que cerrar más veces los ojos antes de entender mis sueños, que todo lo que soy no será más que un recuerdo en el móvíl. Sé tú mismo, ¿qué coño quiere decir eso?

De pequeño quería ver la Tierra desde arriba, congregar multitudes, componer música con andamios. Ahora prefiero andar bajo la sombra, admirar los jardines de piedras, componer música como trabaja el alfarero. Si soy yo mismo no me gusto, si soy algo menos parece que me quede corto. Ayer por la noche salí solo de un teatro repleto. Cogí un taxi. Atravesé Madrid de noche. Pensé en María cuando se levanta. Solamente la gente que puede hacerme daño sabe cómo soy. La reconozco porque le mostré las manos llenas de aspiraciones que se van pudriendo.

Siendo yo mismo podré salvar aquello en mí sagrado e insignificante. Se trata de una luz que da sentido a lo que hago, a lo que siento todas esas veces que soy sensible, imbécil, amable, abierto, inaccesible, narcisista, inmaduro, confiado, ambicioso, inútil, ansioso, terco, hortera, generoso, sereno, tierno, un poco cursi, muy cerdo. Ser yo mismo implica cederle carne a los demás sin olvidar que los huesos están rellenos de un líquido viscoso para evitar el roce con las articulaciones. Lo esencial está oculto. Pocos humanos son dignos de serlo. En la máscara hay tanta verdad… Creo que es mejor ser lo que uno pueda y sonreír, Eso, sonreír como razón de ser.

Ilustración: Geoff McFetridge

Disfrútalo ahora

Disfrútalo ahora. De hacerlo más tarde solamente quedarán las migas. Un ahora que al ser pensado pasará a otra cosa, instante que amontona ayeres, indiferencia hoy, futuros imperfectos. Puede que sea lo único que tengas a pesar de esa aspiración por prolongarlo. Será el miedo a encontrar una versión de ti no sujeta a ningún cambio, porque nada cambia cuando dejas de mirar hacia delante, atrás y adentro. De momentos oportunos están hechos los huesos, de ahí que tiendas a perder el día por querer estar en otra parte, por vivir en otros cuerpos. Este ahora es un espacio precioso, un parpadeo, el tuyo, ¿lo viste? Resplandor. Y ya dejó de serlo.

Nadie te dijo cómo atrapar el presente, ese que se clava en los poros y las horas. Presencia frente a vacío, volumen contra nada. Al proyectar lo siguiente, lo único que consigues es parecerte a todos los muertos que te precedieron, también a los próximos caídos, esos que andan a sus cosas. Nunca le interesaste a la espera, ¿por qué dedicarle un segundo? Llega y el sufrimiento calla un poco.

Extraño ir más allá, precisamente porque todo confluye a la vez y en un horario. Privilegio lo de ser y estar, aunque suene a clase de meditación. Habrá que creer que sí se puede, otro mundo es posible, aunque todos los tiempos formen parte de la «ilusión persistente» planteada por el genio de Ulm. Así un instante se hace eterno y así va, a la contra y para siempre ahora, un accidente que nadie logra prolongar en vida. Fuiste, eres y serás feliz en el presente. Y otro milagro se obra: tú, aquí, ahora.

Ilustración: Guy Billout