¿Obedecer es no pensar?

Tras mis manifestaciones de amor por Fernando Simón, la ciudadanía “plus ultra” ha tenido a bien enviarme el cartel de Sánchez al más puro estilo Stalin 2.0. Completan la composición, obra del alt(erado) Alvise Pérez, las leyendas “Un buen ciudadano obedece” y “Confía en tu gobierno“. Por cierto, Alvise es también el artífice del bulo del respirador de Carmena y “filtró” ayer ¡en Twitter! la lista de expertos que integran el comité para la desescalada. Exasesor de Toni Cantó, posee un pelazo ‘waterproof’ y una imaginación digna de un pastor alemán con diarrea.

Mientras que el origen de la pandemia es una madeja de nervios, la muerte lleva al odio y viceversa. En medio, estos adalides de la crispación que, más allá de un depósito ilimitado de bilis, despliegan su arsenal para que la derecha más chusca —el PSOE tiene poco de obrero pero aún se resiste— recupere un poder que le pertenece por justicia divina. Paradójicamente, la clase media menguante, la más damnificada por un posible gobierno de VOX o el PP, no duda en abrazar los preceptos del odio porque éste se adapta a su visión de una realidad en ruinas.

Calma. Un momento de reflexión y una pregunta: ¿por qué obedecemos? En parte movidos por la costumbre, en parte por miedo a no cumplir la ley. Sin embargo, pensar en la comunidad es ahora un cartel rojo sangre que considera el acatar las reglas un ataque a las libertades individuales, la invitación última a no pensar. Resulta que servir a alguien no implica ser súbdito y, a veces, servir es serle útil a los demás. Repetid conmigo: el buen ciudadano desconfía y es gobierno, el buen ciudadano desconfía y…