Las cosas que no nos corresponden

Me contaron que ha vuelto a beber, que se pasa las tardes en el bar, también las mañanas. Durante muchos años me preocupé por ella, por su afición al vino blanco. Cualquier intento de disuadirla terminaba en una discusión. Cuando vemos a alguien destruirse, cuando lo vemos tan de cerca, deseamos cambiar la realidad a toda costa. El cambio solamente se produce cuando la persona lo desea. Entonces, su hábito se hizo norma y la norma del tiempo nos fue alejando, ella con su copa, yo con mi guitarra. Al enterarme de que ella estaba mal me puse triste. Después caí en la cuenta de que nada puedo hacer para ayudarla. Hay cosas que no nos corresponden.

Es extraño observar cómo las cosas insignificantes terminan haciéndonos tanto daño. Aún más extraño resulta observar las cosas importantes reducidas a cristales en un recogedor. A veces, la única forma de vivir es perdiendo terreno. Después, contraes el cuerpo, como si manteniendo el aire entre las costillas encontraras la fuerza necesaria para dejar atrás las cosas, cosas que son personas, personas que, poco a poco, son olvido. Se trata de un juego tramposo. Vuelve en ráfagas. Desaparece en sueños.

Apartas un mundo, abrazas otro un poco más feliz, más cálido. Somos la suma de aquellos que están a nuestro lado, la suma menos uno de aquellos con los que pasamos una tarde con el sol de cara. Kurt Cobain escribió en su nota de suicidio que era mejor arder que desvanecerse. Estaba equivocado. Se trata de entender que nuestra responsabilidad sobre los otros nunca puede poner en peligro nuestra propia vida. Quemarse. Poner distancia. Contarlo para, después, poder curarse.

Ilustración; desconocido.

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