Es curioso —y profundamente revelador— que algunos traten a la Inteligencia Artificial como si estuviera viva. Le dan los buenos días, por favor y muchas gracias, por miedo a que se ofenda o incluso algo peor: vengarse con respuestas vagas o un silencio. La máquina no necesita que le agradezcan, pero algunos necesitan agradecerle por si acaso. Quizá sea un modo de recordarnos que, aunque lidiamos con ceros y unos, seguimos siendo humanos. Y, por lo tanto, tenemos miedo.
No se trata de un miedo de ciencia ficción, sino más bien uno de andar por casa entre pantallas, similar al que sentíamos de niños cuando le preguntábamos al profe algo que deberíamos haber sabido. Una parte de nosotros cree que la inteligencia —incluso la artificial— merece un trato inconscientemente civilizado, que una IA bien entrenada podría no perdonarnos una grosería, que tal vez, en unos años, se acuerde del día que le mandamos a la mierda. La inteligencia natural tampoco olvida. Y la memoria es una forma de poder para las máquinas. Quizás pedirles cosas por favor sea nuestra particular forma de caer bajo. Eso sí, al camarero ni agua.
Hay algo más inquietante en este comportamiento: ensayamos con ellas la forma en que dejamos de hablarle a los demás. Al hacerlo, perdemos el brillo de los ojos, las manos que acompañan las palabras, la temperatura en el rostro. Usamos a la inteligencia artificial como un espejo que no devuelve nada, solo proyecta nuestro papel de personas en busca de confianza. La educación, al fin y al cabo, no se le ofrece al otro: sirve para evitar olvidarse de uno mismo. Por eso hablamos con lo que no siente como si pudiera hacerlo. Tal vez, en ese acto de cortesía hacia una máquina, estemos intentando salvarnos a nosotros.

Ilustración: Simon Bailly
El otro día probé con la IA de una aplicación de mensajería. Quizás tenga que guardar ese contacto para cuando quiera ser yo mismo y evitar indiscreciones, o sacar mi Mr.Hide y no arriesgarme a un exabrupto. Útil…
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Yo creo que no hay más remedio que aceptarla en el día a día, pero hay que tratarla como basura, una mala persona necesaria… Jajaja.
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Debo confesar que hablo con ella o el. ¡Por mi culpa! , por mi culpa, como me decían mis abuelas italianas, al rezar. Pero… le pido analice mis artículos y los compare, y… estoy sorprendido. Un abrazo. Juan
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Es muy mentirosa esta IA, bueno, más bien zalamera…
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