La culpa es nuestra

Nos pasamos el día buscando culpables. Por supuesto, los políticos, excepto Jacinda Ardern; el sistema; la España que otorga y la que escupe; los hijos bastardos de Nuñez de Balboa y los recién llegados a Galapagar; ese incompetente con cuerpo de jugador de la ACB; los mercados; los mercadillos de animales salvajes; la patronal; los de Bildu y el sobrado de Rufián; el progreso entendido como suma y suma, luego sigue como puedas; la hegemonía de lo exponencial frente a lo justo; la globalización “Made in China”, la ‘manifa’ de Abascal y sus derivas.

Algunos dirán, ¿pero de qué estás hablando? En realidad, saben perfectamente a lo que me refiero. Porque todos, repito, todos pudimos actuar de otra forma en el pasado, decir no, enmendar el rumbo, evitar el daño… y preferimos callar, atarnos los cordones o incluso intercambiar silencio por caceroladas. Primero ignoramos las recomendaciones de los agoreros, después perdimos la batalla frente a los que solo pisan la calle para ir al Corte Inglés y ahora no podemos despedirnos de los muertos.

Así es. Tenemos el mundo que hemos construido de una forma extraña, renunciando a mirar a los ojos del horror por miedo a no salir en la foto, por querer ser protagonistas cuando lo que corresponde es vivir sin dejar huella. Al final resulta que, cuando la culpa es de todos, nadie es culpable. Hoy es un día triste para conducir y ser español.

Ilustración: Thornton Utz