Ingreso mínimo vital contra la estupidez

Los pobres siempre se equivocan. No compran condones, beben Don Simón, tiran de congelados, desconocen el poder del ahorro y parecen atrapados en un vórtice que, a ojos del ciudadano medio, ha sido construido en nombre de las malas decisiones. De hecho, fue Margaret Thatcher la que dijo aquello de que «la pobreza es un defecto de la personalidad» antes de aniquilar el poder de negociación de los sindicatos y convertirse en hierro. Resulta que esa percepción del pobre no se corresponde con la realidad.

Si aplicáramos un test de inteligencia a aquellos que lidian con la escasez diaria, ya sea tiempo, expectativas o una barra de pan, obtendrían catorce puntos menos, lo que traducido al lenguaje común rebatiría la definición anterior: la pobreza no es un problema de carácter, sino de efectivo. Y aquí entra en juego el ingreso mínimo vital, la paguita para unos, la caridad cristiana para otros, conceptos que sirven para enmascarar un derecho amparado por la ley.

Ahora que es posible imaginar y solo imaginar un mundo en el que prescindir de lo superfluo —una especie de estado del bienestar 2.0—, la idea de conceder una renta necesaria para pensar con claridad es una gran noticia, precisamente porque la justicia no debe ser considerada nunca un premio. Si lo pensamos detenidamente, «lo único que nos diferencia de los animales son las preocupaciones financieras». Me gusta más una sociedad así, protegida, saciada, lúcida.

Ilustración: https://chadwys.com/

No puedo respirar

George Floyd murió en el asfalto de Minneapolis con la rodilla de un policía en la cabeza. Le detuvieron por ser negro y parecer sospechoso. Después le esposaron, fue reducido y, delante de varios testigos, su corazón se paró. Bueno, más bien lo pararon entre un «no puedo respirar» y varios «por favor, por favor». Ocho minutos, ese es el tiempo necesario para que un gigante se convierta en cuerpo inerte. Ahora la ciudad arde porque la muerte en estos casos no se puede digerir. Aunque tampoco sea digerible en otra circunstancia.

George Floyd ni siquiera levantó la voz. Incluso mantuvo las formas a medida que perdía el conocimiento, como si de alguna manera supiera que no serviría de nada. O incluso algo peor. Si se hubiera resistido habría muerto antes, fruto de un disparo y un número de placa, siempre bajo la sombra de una ley que parece ir en contra de los que menos tienen. This is America.

George Floyd no era Christian Cooper, el hombre al que la policía buscaba por amenazar a Amy Cooper, una mujer blanca con un perro. El video es aterrador y, sin embargo, habitual, profundamente doloroso y al mismo tiempo incluye un gesto dulce, como si despedirse de la vida fuera ese párpado cerrándose para siempre. Ahora sí, ahora no. La muerte roza la perfección cuando no se hace justicia. Descansa en paz, George; vivimos en guerra.

Ilustración: Hippy Potter

No siempre puedes conseguir lo que quieres

De pronto, el mundo se detuvo y con él todas las aspiraciones de sus sorprendidos habitantes. Los niños dejaron de querer ser futbolistas conformándose con salir un rato a la calle; los padres vieron sus opciones esfumarse, el nuevo restaurante, el viaje siempre postergado; y los mayores, como siempre, recibieron el golpe de gracia en el cuarto bien ventilado de la residencia. No lo soñamos. Simplemente la nieve ardió. Tampoco es que cambiara nada. Eso sí, por fin tu vecino es consciente de «que no siempre puedes conseguir lo que quieres».

Cada día se muere un sueño. Unas veces porque el talento no es suficiente para colmar unos objetivos poco realistas. Otras porque, a pesar de seguir a rajatabla los libros de autoayuda y las frases “aspiracionales” del gimnasio, faltó ese punto de cruz entre preparación y oportunidad. Pero existe un grupo encarnado por una señora con cara de cigüeña militante en un partido de derechas que rompe este maniqueísmo.

Ella y otros como ella consideran que el horror es el caldo de cultivo ideal para obtener aquello que tanto ansían mantener. Y es en ese momento cuando llega el final del estribillo, aquel «pero si lo intentas a veces, bueno, puedes conseguir lo que necesitas». Ahí reside el problema de esta gente, en confundir necesidad y privilegios. Por eso apelan al pasado cuando el presente solo es ruina, para mantener su derecho a soñar con los ojos abiertos mientras el resto no logra dormir la puta siesta.

Ilustración: https://tylerspangler.com/

Oda a los mayores

Ocho de cada diez fallecidos por Covid-19 son mayores de setenta años. Repito invirtiendo los elementos de la oración; el 86 % de los fallecidos son ancianos. ¡Y qué poco importan los años si uno se siente joven! Sin embargo, el virus los encuentra y convierte en roca sus pulmones, al contrario de esta sociedad que prefiere arrinconarlos. Porque al menos los muebles terminan en un punto limpio y ellos, en cambio, son una triste placa conmemorativa, un ramo de crisantemos y un recuerdo. Con su muerte perdemos, una vez más, nuestra memoria.

Ahora se hace más patente que nunca que la juventud está sobrevalorada. ¿Qué es lo que han hecho durante la pandemia? Molestar en casa, preguntar «¿cuándo salimos?», hacer canciones ligeras, tirar de la cadena y pasarse el Fornite, abarrotar unas terrazas que no saben igual porque no hubo primavera. Qué cosas. E insisto, no es la edad, es la cabeza.

Yo soy un hombre que siempre se sintió mayor y por eso quiero honrar lo que hicieron porque tocaba, su labor invisible en un mundo-mascarilla, sus historias, esas manos frías y cubiertas de meandros, el jugo y la llama que ahora son espejo del silencio. El resto seguirá a lo suyo, quemando libros, despreciando la experiencia en la pantalla. Es curioso; todos somos más viejos que hace tres meses, precisamente porque en todos pesan más los recuerdos que las ilusiones. Esta es mi oda a los provectos. Empieza y termina con un gracias.

Ilustración: https://www.yamamotomasao.jp/

¿Salimos más fuertes?

Nunca antes la frase «Salimos más fuertes» había sonado tan hueca. Será porque se trata de un eslogan patrocinado, tal vez porque, a falta de fútbol, las terrazas se convierten en el equipo nacional o porque la palidez y la cautela van en contra de las libertades individuales. Porque ¿quienes salen fortalecidos después de esto? ¿Los familiares de los muertos? ¿Los empresarios acuciados por las deudas? ¿El personal sanitario renunciando a la baja? ¿Una sociedad equidistante? Pues alguien habrá si lo escriben con mayúsculas todos los periódicos.

Y es que las palabras se las lleva el virus y también sobran cuando son pronunciadas en una primavera que es recuerdo, en una playa convertida en sueño húmedo, en una calle que intercambia pan por rabia. Será porque sin obras que las acompañen no son más que promesas incumplidas. Y eso duele.

Es cierto que todas las crisis espolean la imaginación de los menos soñadores. Incluso permite definir las bases de una convivencia que es el ejemplo más claro de un milagro, pero como decía Bertolt Brecht, «lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer». De pronto, al leer la palabra fuertes escrita en un papel me sacude la debilidad. Tendré que reírme para alejar los fantasmas del espanto.

Ilustración: https://www.studioghibli.com/

Si solo fuera la bandera…

En este país, la derecha es experta en secuestrar símbolos. Y es que el problema de la bandera rojigualda, cuyo origen se remonta a 1785, es solo la punta del iceberg en un tira y afloja que, de momento, ganan esos patriotas a los que la muerte de Franco no dio sepultura. Lo abarcan todo, incluso las palabras. De este modo, fascista se emplea indiscriminadamente contra el votante de Podemos, la libertad es patrimonio del rico y el ejemplo más claro de dictadura es un gobierno socialista elegido en las urnas.

1906. Aquel año nace “Suspiros de España”, pasodoble convertido en himno por la Piquer. Como siempre, el régimen se apropiaría de un género universal que terminaría engrosando el catálogo de la canción española. Serían Concha Buika y Miguel Poveda los responsables en gran medida de liberarle del yugo y devolver la copla al pueblo. ¿Y qué decir de los toros como fiesta nacional? En todo caso será para la minoría, es decir, los de las manifestaciones en coche, el chaleco de entretiempo y misa de doce.

Pero no solo se conforman con lo tangible, “El ojos verdes” y la estocada, sino que ahora, también se adueñan de la pandemia, reclamando para sí un espacio que no les corresponde, ignorando el trabajo del personal sanitario y ondeando símbolos que son de todos… cuando marca Iniesta. Esa es su estrategia: dividir y vencer. A la izquierda los del pijama en casa; a la derecha los españoles de pro. Cuando se enteren de que los “suspiros” son una confitura de avellanas quizás nos entreguen lo que es nuestro, de lo contrario habrá que arrebatárselo.

Ilustración: Federico García Lorca

A todos esos patriotas…

A todos esos patriotas que acudieron a la manifestación convocada por VOX. Vuestra marea; nuestro mar de nombres.

Amador Suárez, 76 años, empresario; Diego Rosado, 54 años, jugador de rugby; Luis Eduardo Aute, 76 años, artista; Antonio Millán, 81 años, mecánico y padre; Jose María Calleja, 65 años, periodista; Juan Carlos Dutoit Carmona, 38 años, entrenador de voleibol; Esteban Yañez, 35 años, actor; Juan Cotino, 70 años, político y expolicía; Pedro Riera Grau, 75 años, directivo; Jose Luís Capón, 72 años, lateral del Atlético de Madrid; Dolors Sala Carrió, 82 años, ama de casa… Y la lista sigue, y sigue, y sigue hasta alcanzar los 28.706 fallecidos en España.

¡Qué forma tan extraña de demostrar vuestra heroicidad, qué manera tan terrible de convertir en números la vida, la carne y el espíritu! Ahora podéis miraros en el espejo, levantar el brazo y sonreír ante el español-español que se llena la boca de libertad y banderas. Con ese gesto, simple e inútil, el personal sanitario será capaz de reconocer a todos los que no merecen asistencia sanitaria universal. Si estáis dispuestos a morir por la patria, hacedlo como Dios manda.

Ilustración: Cartel republicano