Si pronuncias la palabra amor varias veces…

Si pronuncias la palabra amor varias veces…

Cierra los ojos, aprieta las sienes y piensa en la palabra amor, o mejor aún: siéntelo…, y ahí comienzan los problemas.

Donde hay amor del bueno nunca hay divorcios, y si los hay nunca se firman bajo la alargada sombra de un abogado o un burofax reclamando la potestad de unos hijos que nunca tendrán muy claro si fueron fruto del cariño, el hastío o un descuido… La separación implica más bien desamor, origen del sufrimiento romántico, como también lo es matar en su nombre (¡el amor era inocente!), una emoción desprovista de género, número y E.T.S. y por la que es imposible morir, excepto si eres una madre dispuesta a dar la vida por esa criatura que solo llora, caga y come a ojos de los demás (solteros) que consideran que, en el remoto caso de que el amor exista, éste no ha sido benévolo con ellos y terminará — siempre de dentro pa’ fuera— transformándose en algo raro y…,  ¿por qué demonios siempre termina triunfando en las películas?

De todas formas, el amor, ese que no nace ni aparece, debe de tener una determinada edad o ¿acaso los niños tienen la capacidad de enamorarse?¿No es más recomendable hacerlo cuando uno no es demasiado joven o demasiado viejo, en el momento en que el ángulo del pene y la lubricación de la vagina permiten disfrutarlo en toda su extensión? Y si no se puede, también vale disfrutarlo en compañía, sentados frente a la ventana desde la que se ve el mar, con vistas al ocaso del sol y de la vida.

Pero, ¿es el mismo amor el que Hitler profesaba a Blondi —su pastor alemán—, San Antón a sus jilgueros y Pelé a la pelota? Y, ¿no es también amor (sin condón) lo que siente Amarna Miller por su novio diseñador, o Teo García Egea —quizás en una forma algo más gaseosa—por España?

A veces el amor es una pena porque se convierte en el vehículo perfecto para nuestra propia realización, la misma que se hace carne cuando la otra persona representa aquello que tú eres y se mezcla con tu nombre y otros apellidos, el amor propio, incondicional, filial, paternal, abstracto, platónico, universal, el que se demuestran los músicos en InstagramÉrōs, Meraki, pasional, anal, y el de la Iglesia por toda la humanidad (gays no incluidos).

Abre los ojos, relaja las sienes. Después de esta aventura solo podrás sacar algo en claro: al final, el verdadero amor es aquel que dejamos marchar y cuya palabra bifronte es romanescu. Qué cosas tiene el corazón…