¿Es Bolsonaro peor que Francisco Rivera Ordoñez?

La imagen habla por sí sola. De pronto, Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, se ha convertido en la persona más odiada del mundo, superando por una abrumadora mayoría a Trump, Boris Johnson, Hitler o Francisco Rivera Ordónez, por mentar a algunos de los tipejos que generan una náusea colectiva teñida de ruido y furia. Tan solo tuve que teclear las palabras “Bolsonaro Ilustración” en Google para encontrar este diseño (monocromático) de tatuaje que se extiende por las redes a la misma velocidad con la que arde el Amazonas.

Y es que el modelo en cuestión, dueño de una expresión típica del que se ha cagado encima, y en apenas ocho meses —tomó posesión de su cargo el 1 de enero de este año— representa la versión más novedosa de la política del siglo XXI, un amasijo de medios que justifican un fin al servicio de las grandes corporaciones con las fake news, el liberalismo de derechas, la misoginia y la incorrección total como compañeros irrenunciables de viaje, precisamente porque éstos generan odio, y el odio hace ganar elecciones.

El gran problema, además de las consecuencias de lo “salvaje” sobre el medio ambiente, la figura integradora de la mujer en la sociedad y los derechos humanos, es que de pronto, como si se tratara de una broma, Brasil, bastión de la alegría y la playa, los cuerpos de mármol, la samba y Antônio Carlos Jobim, se cubre de un espeso humo que anuncia no solo lluvia negra, sino amenaza, precisamente porque el hombre más poderoso del país intercambia racionalidad por radicalismo, negociación por negación, dogmas por dólares.

La verdad es que el tatuaje es muy chungo, pero el personaje lo es todavía más. De hecho, si pronuncias su nombre tres veces delante de un espejo sentirás miedo y unas ganas irrefrenables de gritar aquello de «el error de la dictadura fue torturar y no matar». ¡Ah, porque tudo é tão triste!