Cuando ser amigos significa FIN

Con un amigo se comparte intimidad, secretos a salvo de uno mismo. Con tu compañero repartes trozos de vida íntimamente, puede ser también silencio… extraña forma de ser felices en la felicidad ajena. Con un amigo hay un amor incomprensible a veces. Con tu compañero hubo enamoramiento, amor de piso y cooperación en lugar de competencia. Con un amigo vuelas alto, tropiezas en edad y lejanía. Con tu compañero la debilidad es esa forma de quererse entre zonas comunes y espejos a salvo de miradas. ¿Qué sucede cuando el socio quiere ser amigo sin mezcla de erotismo? Que la amistad mata el amor, la pareja mustia, muere. Las plantas seguirán creciendo en la cocina. Ser amigos como forma de final, ¡qué peor tragedia!

En ese instante, todos recibimos el golpe de la misma forma, un ciervo en medio de la carretera, resplandor, impacto. Si tengo amigos, ¿por qué habría de tener uno más que pide serlo? No lo vimos venir, tampoco hubo esas primeras veces en las que descubrir en otros una extensión de lo que somos o queremos ser, margen de mejora. Simplemente llega su cuchillo. En cambio, la persona que lo clava respira aliviada. La herida en el que deja de querer: carga en vida. Resulta que la carga eras tú, amigo.

Entonces llega el momento de la duda por haber perdido el tiempo mucho tiempo. A veces años, décadas con niños corriendo por la casa y la promesa de compartir fosa. Cierto, la amistad abunda menos que el amor, una palabra malgastada por las circunstancias y la prisa, sístole, diástole, sin embargo, poco consuela intercambiar noches diarias por mensajes de texto o una felicitación en fin de año. Esa es la amistad que se propone de momento, otro final. Menos significa nada o un recuerdo. Ser amigos, abrazo tibio del amor entre exparejas, verano como preludio del invierno.

Ilustración: Guy Billout