Gallinas, almas, gallos violadores

Después del ruido (y un montón de nueces) provocados por los vídeos-parodia de las tresalmas de cántaro veganas parece que volvemos a la rutina digestiva con la agridulce sensación del que no ha sacado nada en claro en lo relativo a la dieta; más bien, la grieta que separa a agitadores de conciencias y comedores de cadáveres aumenta cada día… por una simple cuestión de formas.

Para empezar, la imagen de estas tres jovencitas de ojos vidriosos envueltos en la sombra del THC, utilizando sin control un vocabulario ininteligible —no debemos olvidar que el supuesto lenguaje inclusivo dificulta enormemente la comunicación entre géneros y sexos— resulta poco apropiada para los consumidores de cuello blanco, “animales” anclados en la tradición omnívora que no atienden a razones (de peso) para renunciar, de una vez por todas, a ese plato de jamón ibérico, con su grasita, quizás acompañado por un vino sin sulfitos. En segundo lugar, y si uno se para a pensar un instante en las reivindicaciones de este colectivo antiespecista, transfeminista interseccional y libertario —es fascinante el orden tan aleatoriamente teatral que siguen sus performances— no hay nada gracioso en los argumentos esgrimidos, con la excepción del empleo de palabras como violador y persona precedidas de gallo y gallina, y sin embargo, los supuestos campos de concentración aviar despiertan una sonrisa incrédula cercana a la burla.

Y es que el problema, más allá de la efímera popularidad de su propuesta bienintencionada, no es si fue antes el huevo o la gallina, sino el enorme desprestigio que este tipo de acciones supone para colectivos animalistas serios que ven como sus esperanzas de armar un mensaje contundente contra la explotación animal —siempre desprovisto de superioridad moral— terminan como esos óvulos sin fecundar: desparramados por el suelo y entre los picos de personas provistas de plumas. La sensatez, amigos, empieza en la cocina, y las formas son el plato estrella de cualquier menú, a poder ser compuesto de hortalizas y legumbres de temporada. En cuanto a los gallos violadores… ya lo decía Jamie Oliver: «El silencio es el mejor acompañante de una buena comida».