El presidente de Castilla-La Mancha

Resulta que, a veces, los políticos nos representan. Puede que no a uno mismo, pero sí a ese sustantivo indefinido que es la gente que los vota y se los traga. Habla, o más bien lo intenta, Emiliano García-Page: «El otro día estuvo en Cuenca (refiriéndose al ministro Garzón) […]. Yo le invito a que venga a empresas inmensas que tenemos aquí, envidiadas en el mundo entero, a explicarles que su trabajo es de peor calidad». Y añade: «Esto es como discutir si la calidad de un pez que se pesca con una, con una, con, con, je, con una caña o la que se pesca con red por miles es mejor o peor. Ej que no, en este país se discute mucho por el tamaño de las cosas». Y añado, cuidado con este porque no sabe lo que debiera saber, sabe mal lo que se sabe y sabe lo que no debería saberse y se comenta en los bares.

Este es el nivel. Y no porque el tamaño importe —resulta que en las empresas sí— ni por el uso de un símil pesquero siendo él de Albacete. Estas palabras son un insulto envuelto en banderas de España y Castilla-La Mancha, una manera de zanjar la realidad con dos huevos de corral. El bienestar de las bestias cuenta poco para las grandes explotaciones que resuelven el temita cesando a inspectores de Sanidad, con la complicidad de presidentes autonómicos y pagando cátedras en universidades en nombre del silencio. Ya se sabe que la verdad se entierra con billetes y repitiendo una mentira muchas veces mucho.

Ya que al presidente le gusta farfullar metáforas, aquí una réplica: «Hay estos dos peces jóvenes nadando por ahí y se encuentran con un pez más viejo nadando en sentido contrario, quien les saluda con la cabeza y les dice: ‘Buenos días, muchachos. ¿Cómo está el agua?‘. Y los dos peces jóvenes nadan un poco, y luego uno de ellos mira al otro y dice: ‘¿Qué diablos es el agua?‘». Pues bien, los peces más jóvenes están envejeciendo a marchas forzadas.

Ilustración: anónimo