Distanciamiento social de por vida

A veces, la vida se interpone y otras nos da la clave. El caso es que ahora que el distanciamiento social es necesario y parece integrado en el sentido común de la mayoría hay una conversación que se multiplica en mis escasas interacciones diarias con la mal llamada ciudadanía: ¿y si mantenemos ese alejamiento para siempre? En realidad, tampoco perderíamos tanto porque, mal que nos pese, desde el momento en que nacemos, comenzamos a tomar distancias, a enrocarnos en nuestros prejuicios, a ser, en definitiva, más nosotros sin rastro del resto.

Por supuesto, nada de lo expuesto anteriormente va en contra de seguir cuidando de amigos, novios y parientes, de las plantas que florecen en los balcones, del podenco y la hormiga, pero siendo más conscientes de que necesitamos menos contactos y más personas. Al fin y al cabo, ¿era necesaria una pandemia para llegar a esta conclusión tan líquida?

La respuesta varía en función de cada uno. Sin embargo, teniendo en cuenta que vivimos una media de 78 años e interactuamos con 3 nuevos seres humanos cada día, y un año equivale a 365 días —a excepción del 2020 que viene de bajón—, obtendremos un total de 80.000 encuentros. Pueden parecer muchos. Otra cosa es cuántos de ellos dejan huella en nosotros. O mejor aún; ¿qué es lo que dejamos nosotros? Historia. Escoria.

Ilustración: https://www.quintbuchholz.de/

Las mujeres y el vello: historia de una manipulación

Resulta que la turbulenta relación de hombres y mujeres con el vello se remonta a épocas previas al afeitado brasileño. Ya en la era de los mamuts, ellas se cortaban el pelo con piedras para evitar tirones inoportunos en los enfrentamientos entre clanes y minimizar así el riesgo de congelación. Deberían pasar algunos años para que se intercambiaran cantos por conchas y, siguiendo la tendencia prêt-à-porter impuesta por Cleopatra, surgieran las primeras ceras para eliminarlo completamente, a excepción de las cejas y la perilla del dios Amon.

Y el tiempo pasa, las civilizaciones se destruyen y con los romanos se imponen los conceptos de limpieza y clase… asociados a la depilación. Por supuesto, ellos podían elegir entre el estilo Don Draper o comando, hasta tal punto que el emperador Lucio Vero Antonino lucía el mismo aspecto que Jared Leto un domingo cualquiera. Era hombre, y además Dios. Primera gran contradicción.


Con el siglo XV se impone la libertad en pubis y piernas por la simple razón de que el cuerpo no se viste, sino que se decora con largos jubones, casacas mangas abullonadas y colas que convierten a las mujeres «en animales fangosos en verano y polvorientos en invierno». Por supuesto, las cejas al cero. Las de ellas, claro.

1700 y las primeras cuchillas para hombres; 1915 y un tal King Camp Gillete cambia la piel del mundo incluyendo a las esposas en su “Milady Decolleté”; la primera campaña contra el pelo en las axilas; la humedad y Betty Page; Marilyn y sus piernas de seda; la minifalda, el bikini y el bañador carne de Bo Derek, y adiós al pelo y a la libertad de mostrarse a los demás como a una le venga en gana

Mujeres del mundo, celebrad vuestra belleza, con o sin vello. Ha costado, pero es un hecho: por fin donde hay pelo hay alegría.