Axilas

Cuando me preguntan por la parte del cuerpo en la que primero me fijo cuando me presentan a alguien no lo dudo un segundo: las axilas.

Ese lugar oculto (y a la vez visible desde ciertos ángulos) me fascina y me aturde a partes iguales. Sin embargo en esa división del sexo —no confundir con género— tengo ciertos prejuicios: con o sin pelo, largo, corto o a cazuela, rubio o de un negro intenso petróleo, pelirrojo atravesado por un rayo de luz solar y castaño en la oscuridad de un jersey de lana de cabra, con ese ligero rastro de sudor o un embriagador toque de desodorante sin alcohol, salado, dulce y con esos pliegues porosos que lo separan radicalmente del resto de la piel, con la bandera LGBT bordada o como la selva vietnamita al atardecer después de un bombardeo con napalm…, en el caso de las mujeres. En el caso de los hombres no puedo soportar a los tíos que se depilan por razones estéticas, y menos aún debido a la supuesta práctica diaria de un deporte náutico o terrestre porque, ¿es que os dedicáis a batir récords mundiales en vuestro tiempo libre, flipaos?

Y es que no hay nada comparable a hundir la lengua en un sobaco, en una axila de cualquier tipo y saborear ese néctar que nos conecta directamente con nuestra alma porque, ¿acaso no somos un poco cómo olemos?

Reivindico esa parte del cuerpo y pido públicamente que nos olvidemos de las uñas y de los párpados, de los ojos y del cabello, de las pestañas, las ingles y los anos, y demos visibilidad a una parte del cuerpo que hasta ahora ha vivido en la clandestinidad, que ha sufrido el apartheid y la incomprensión de una sociedad demasiado centrada en aquello que puede exprimir económicamente, que exalta la estupidez intrínseca a la popularidad.

Y no solo eso; a partir de ahora propongo que al conocer a alguien le demos un beso en las axilas, le tendamos la mano bajo el sobaco y mantengamos el dedo índice unos segundos en ese lugar invisible —igual que hacemos con un termómetro— antes de llevárnoslo a la nariz: ahí, entre el borde libre y el eponiquio de la uña se concentra la victoria total.

¡Axilas del mundo, uníos!