Los feos guapos

Coto de belleza exclusivamente masculino, el feo guapo, un tío con cara de conejo o la nariz como el apagavelas de la catedral, representa ese equilibrio extraño entre la acondroplasia y el David de Miguel Ángel por delante y por detrás… mientras suben las visitas de sus vídeos (casi todas mías). Es mirarlo y tu día, tu sándwich de atún y tu noche mejoran, las palomas echan a volar y un pastor alemán se sacude el agua desde la cabeza a la cola, metáfora de la humedad en nuestro cuerpo. Pero ¿cómo es posible desafiar de esa forma la definición de lo bello? ¿Será el algodón de los calzoncillos? O aún peor, ¿ese cuerpo que empuja al cuarentón a poner un póster en su cuarto? Será todo lo invisible hecho visible en Jeremy Allen White, el hombre paja.

Observar cómo levanta pesas en una azotea de Nueva York se parece al sexo con condón, deja con ganas de más, de mucho más, flota en el recuerdo al hacer la vida mejor a pesar del precio de los pisos. Los hombres podemos aspirar a parecernos un poco a Jeremías —yendo al gimnasio cinco veces a la semana—, las mujeres sienten una forma de ternura en horizontal. Entre medias, todas las posibilidades del amor lleno de pronombres, press de banca y esa traviesa gota de pis desterrada de los anuncios de Calvin Klein. Hoy, Jeremy no habla en clase y el mundo mete tripa. Rosalía, ¿me lo prestas? Ni rastro del mal querer. Sino todo lo contrario.

Insisto en la cuestión de la belleza porque se habla poco de feas guapas; o son mujeres feas, o son guapas o, generalmente, son guapas haciendo de feas. Mientras el mundo sigue esclavizado por la estética, este 2024 redefine el canon por un solo motivo: abrir bolsillos y muchas bocas. Por mi parte, intento conseguir una de esas abdominales de bolsillo y me conformo con verle en The Bear cubierto de salsa de tomate y con el pelo envuelto en aceite virgen extra. Solamente un feo guapo puede hacerme sentir así, enamorado de un paquete, cachondo y feliz por estar vivo. Jeremiah 1:5- i want to fuck you.

Deja un comentario