Los músicos no somos ganado. Desde hace décadas, las grandes discográficas, las tiqueteras y las multinacionales del entretenimiento engordan con nuestras canciones, regurgitan nuestras ideas en moldes de una copia de una copia y nos arrojan a un contenedor digital cuando llega la siguiente moda. Si dependes de ellos, estás perdido. Ahora, más que nunca, los músicos deben de ser sus propios jefes, sus propias distribuidoras, sus propias plataformas. ¿Vender tus entradas tú mismo? Qué pereza.Sí. ¿Tu música sin pasar por la picadora de Spotify? Absolutamente sí. ¿Controlar el precio de tu creación, la narrativa y la estética? Por supuesto. No lo hiciste y Wegow lo hizo por ti. Ahora está en preconcurso de acreedores y no quedan ni las migajas. Pero nos queda la música.
Nunca antes fue tan fácil montar una tienda, un servidor, una red, un universo de fibra. ¿Qué necesitas? Tiempo, ganas, ingenio, un cerebro y algo de espíritu punk. Las plataformas como Bandcamp o tu propia web pueden ser el nuevo garaje desde el que cantar tu historia. ¿Quieres vender entradas? Hay sistemas responsables. ¿Quieres que tu comunidad te apoye sin intermediarios? Invéntate un sistema. ¿No sabes cómo? Fracasa y sigue, aunque sea tocando para cinco. A las multinacionales no les interesa que pienses así. Qué mejor razón para intentarlo.
Porque la interdependencia es el motor para ser libres. Si sigues esperando que una App, una oficina o un algoritmo te lleve de la mano estás repitiendo los viejos modelos donde pierden los mismos, sinónimo de músicos. Wegow cambiará de nombre y seguirá explotando otros sectores. Las bandas asumirán las pérdidas (¿cuándo fue de otra forma?). Los músicos deben ser arquitectos de sus propios espacios y no peones en plataformas ajenas. Sé tu propio sistema, pequeño y manejable. Diseña tu canal, que se parezca a ti y desde el que decir NO. Si no eres dueño de tu arte, serás solo un souvenir en el escaparate. Desde aquí, todo mi apoyo a las bandas afectadas. Porque, a veces, de una manera extraña, cuando perdemos ganamos

Ilustración: David Shrigley