Una cantante llamada Rozalén

Sucede cada mucho. De pronto, aparece una cantante que desdobla verbos. Entonces se entiende mejor la diferencia entre cantar y cantar. Es cierto, muchos practican frente a un público o un espejo, pero sólo unos pocos transforman multitudes en rayo. De ahí el tiempo como variable líquida, resurrección diaria, espacio reducido a un roce. Pues bien, María de los Ángeles Rozalén Ortuño se pone recta, llena los pulmones y canta para todos cantando para ella. Entonces hay un revuelo de silencio y carne apretada a su alrededor. Es cierto, la música estimula las pupilas, palpa lo invisible. Más tarde, instantes al paso de las estaciones, la audiencia llora al darse cuenta de lo que es sentir.

En este punto los aplausos sobran. Más que nada porque María tiene amigos, nada de audiencia. De ahí su don, aptitud en la garganta. Difíciles de entender son los misterios. Nos pasamos la vida intentando huir del mundo y cuando alguien canta como ella, a poquitos y lejos del fulgor, todos queremos quedarnos un poco más, alargar lo que antes era incordio. Resulta que la voz separa la luz de la sombra proyectada sobre nosotros por nosotros. Y la noche nunca miente en las canciones.

Empiezo el año con esa imagen en mis oídos. Quizás por eso enero continuará sin esfuerzo. Poco importa el sentido de las cosas si viene con canciones. A veces hay que acordarse de una voz para darse cuenta de que con eso basta. Y basta.

Canciones alegres para suicidas

No hay nada más probable que la imposibilidad. Y es que, cuando sucede, los resultados pueden ser una epidemia… o un disco. Entre medias, una pequeña y firme voluntad. Porque estas cuatro canciones son el ejemplo perfecto de que se puede hacer aquello para lo que no se está realmente preparado. De otra forma, ¿cómo entender que Elena Lombao, campeona europea de  kayak polo en el cuerpo de una actriz, quisiera escribir y grabar canciones sin haberlo intentado nunca, confiando la producción y el  Pronto® a un escritor con cuerpo de músico?

Está claro que los mimbres no estaban ahí y, sin embargo, en menos de una estación corta la autoestima rimó en AABA, el miedo se transformó en cecina y fruta, el corrido fue ranchera espídica  y los dos — erectos ante la presencia de Martin Bruhn, Javier Geras y Juanjo Reig— nos dimos un sonoro abrazo frente al camello de la Plaza de los Mostenses. Lo habíamos conseguido. Sin prisas ni plazos, con poco dinero y más ganas, como se hacen las cosas que merecen la pena.

En realidad, este «Canciones alegres para suicidas» no es un EP, sino más bien un disco corto en el que las canciones son de la gente, aunque no haya nadie escuchando al otro lado; alegres porque las buenas cantinelas, aunque sean tristes, nos dan razones para encender la luz; para porque es la preposición que se hace cuerpo en Sufrida y suicidas porque la Lombao también es Calo, aunque tampoco pinte sueños y se dedique a cantar pétalos. Ahora son vuestras… pero también un poco mías. Hoy a la venta, mañana en Spotify, pasado ya veremos.

Ilustración: http://www.rikiblanco.net