El resumen anual de Spotify

Eres lo que escuchas, también lo que lees y piensas entre medias. Lo de comer va junto. Porque éstas son, probablemente, las tres cosas más incomprendidas junto a la palabra libertad. Grabar un disco, escribir un libro, preparar una paella… ¡cuántos misterios reducidos a un tiempo de disfrute —véase consumo— insignificante en relación al sudor del que lo hace! Minutos, en ocasiones horas, meses y hasta años. Luego se enseña, y ya. Como un pedo. Así funciona la creación, eso de pulir y fracasar exhibido gratuitamente en las plataformas digitales: 24.000 nuevas canciones al día en Spotify. Y como la cosa va de números, la empresa nos agasaja cada año con estadísticas y confeti. Así nos conocemos, asumimos que sin música todo es peor y olvidamos la miseria que pagan a los artistas: sí, 0,0033 dólares por reproducción.

Y es que nos da igual la precariedad inherente al músico, porque aquí importan los números y nuestras propias listas de reproducción. ¡Déjame tranquilo con las tuyas! Como siempre habrá de todo en función de la curiosidad del oyente, pero en el 2021 los más reproducidos fueron Olivia Rodrigo, Bad Bunny rimando gorra con cotorra, el almíbar de Taylor Swift, los ocho surcoreanos pálidos de BTS y Drake en anorak. Bueno, no está nada mal, que la música no es ni buena ni peor y sólo las malas canciones nos ponen tristes.

Eliminados los conciertos de la mesa, algunos músicos se aferran a la venta de discos para penar menos. Se trata de formatos sublimes y carísimos que la mayor parte del tiempo se venden para cubrir los costes de edición. Como siempre, el ángulo muerto no trasciende o lo hace poco y Spotify sigue a lo suyo, invirtiendo en biografías sonoras del usuario, acaparando redes con su «Wrapped 2021» y aplicando la ley del monstruo al que hay que echar de comer. Muchos olvidan que terminarán siendo escupidos en menos de lo que se termina una canción, una en la que todo se cuenta en los primeros cuatro compases.

Bad Bunny y la edad

El premio al compositor del año 2020 de la ASCAP ha recaído en Bad Bunny y claro, la nube de bilis y ‘tweets’ entre los indignados no se ha hecho esperar. Una gran mayoría lo considera un insulto, otros lamentan que sus letras de preadolescente priápico degraden a la mujer y los demás creen que serían capaces de mejorar lo presente si les diera por escribir canciones de reguetón en el váter, un artefacto que, a día de hoy, lo parte. Sinceramente, creo que todos ellos se equivocan.

Primero porque la ASCAP es una organización americana que no premia la calidad, sino la cantidad de ‘royalties’ que generan sus premiados y a nadie en su sano juicio se le ocurriría incluir a este puertorriqueño con cara de oficinista castellano en la nómina de Hoagy Carmichael, Cole Porter o Carole King. ¿O sí? En segundo lugar, resulta que las letras de las canciones son ficción, incluso aquellas que hablan de personas reales, y tildarlas de sexistas o violentas solo revela nuestra incapacidad para entender el mundo joven.

Por último, a todos aquellos que se burlan de los versos «Pensaba que te había olvida’o; eh, pero pusieron la canción; eh-eh-eh, que cantamo’ bien borrachos, que bailamo´ bien borrachos…», decirles que sí, que son malos, incluso muy malos, pero el chaval nunca pretendió ser poeta, revolucionar la música o incluso ganar un premio de la ASCAP, solo contar historias de polvos, M y ‘perreo’…. y lo clava. Al final, la decadencia a la que apelan sus detractores solo se encuentra en las arrugas de la piel.

Ilustración: Desconocido pero joven seguro.