La gente protesta por cosas, pero nadie protesta por el precio del aceite de oliva. Todos reconocemos su importancia en nuestra dieta. Se utiliza para freír huevos, para lubricar conductos, para limpiar estufas y proteger a los gatitos, hasta para matar piojos. Es más, si hay algo importante en la vida, además de la música, Brad Pitt y el amor, es el aceite, pero el virgen extra, el verdecito. Pues bien, la botella de un litro cuesta 13 euros, un 90% más que hace dos años. Dicen que es debido a las malas cosechas, a la falta de temporeros y a la inflación. Poco se habla de los especuladores. Lo siguiente será el agua. Y nadie protesta.
A veces, cuesta entender las razones por las que un pueblo sale a la calle. Puede ser debido al hambre (razón de peso) o por una estrategia de la oposición (patético). Pero del aceite ni mu.Recorramos juntos las baldas del Alcampo, del Carrefour, del Día, del Hipercor o del Lidl. El aceite bajo candado o en vitrinas. Depende de donde hagas la compra, su precio varía hasta un 70%. Vamos, que el rico lo paga carísimo y el pobre muy caro. Será cosa de la democracia. Curiosidad: el aceite de oliva es más barato en Italia o Portugal que en Jaén. Por cosas menos graves rodaron cabezas en la Bastilla. En la Puerta del Sol hay una vieja España que grita envuelta en una bandera.
Las empresas envasadoras de aceite de oliva compran el litro a 5,25 euros. Ejem. Como siempre, el pueblo paga la cuenta y, partir de ahora, el girasol volverá a darle a ese olor característico a las cocinas. ¿Cuántos de los que protestan creen en la protesta? ¿Cuántos de nosotros seremos capaces de freír patatas en colza? Hay que satisfacer necesidades básicas, comprar lo necesario y no lo conveniente. Quizás por esa razón la necesidad no entiende de leyes, quizás, para muchos, sea más importante protestar que hacer la compra. Y aquí llega la pregunta: ¿qué nos alimenta y qué nos nutre? Da miedo saber lo que encierra la respuesta.

Ilustración: David Shrigley

