La cultura contagia cultura

Desde Atapuerca el papel de la cultura ha sido ambivalente. Por un lado resulta necesaria para sobrellevar la existencia de muchos —generalmente implicados en su mágico entramado— y, sin embargo, siempre se aparca en los programas políticos por considerarse un divertimento ligado a vidas disolutas. Ahora, además de ser la última de la fila, es señalada como foco de contagio, precisamente cuando conciertos y obras de teatro optan por echarse al aire libre, con aforos limitados y protocolos que convierten la escena en áreas de acceso restringido y una promesa de vida potable.

A pesar de todos los esfuerzos del sector por hacerlo no solo bien sino mejor, otros se niegan a aceptar la evidencia de que es en los campos intensivos en mano de obra y las discotecas extensivas en alcohol donde los focos proliferan. En los primeros porque miran de reojo a la ciudad a la que abastecen; en los segundos porque con el pedo la máscara es un estorbo, como el condón y la responsabilidad.

Aceptemos que la cultura cuenta poco, nada o apenas renta, que jamás estará a la altura de aerolíneas y azafatas, que los toreros justifican la barbarie usurpando su nombre, que acota la memoria de un pueblo amnésico perdido, que es humilde y una suerte de belleza efímera, y su única forma de contagio a día de hoy es el miedo a desaparecer. Pueden quitarnos la vida y el arte, ¡pero jamás nos quitarán la playa y sus terrazas!

Ilustración: https://loladein.tumblr.com/

Epidemia de bloqueos en FB

Ahora que los gobiernos —de cualquier signo político— han demostrado su incompetencia para controlar una realidad desbordada, la población, principio y final en la toma de decisiones y sus consecuencias, imita determinados patrones de conducta, como si de alguna manera la aplicación de medidas geopolíticas a gran escala se impregnara en cada poro de nuestra casa. Es cierto; ellos mandan ahí fuera, pero en las redes sociales somos juez y parte, una democracia en la que nosotros tomamos las decisiones. Siempre. ¿Qué estás pensando?

Es por esta razón que en Facebook y Tinder se viene produciendo una ola de bloqueos sin precedentes, tsunami de totalitarismo casero camuflado en protección contra la pandemia de odio, fascismo recalcitrante, sobredosis de conspiraciones, bulos, listillos y alarmistas, censores de la diversidad de opiniones y un nuevo ejército de fervorosos creyentes que consideran este encierro como una oportunidad. Ocultar publicación y dejar de seguir.

Al hacerlo sentimos una calma desconocida, un chorro de After Sun emocional. Y de pronto, llevados por la infantilización de una sociedad amordazada nos creemos positivos asintomáticos, portadores del espíritu de la concordia hecha pacto de Estado. Quizás el verdadero desafío, además de ganarle el pulso a la muerte, sea volver entendernos, decir que no nos gustamos y, a pesar de ello, seguir caminando juntos, a un metro pero juntos. Has aceptado su solicitud de amistad.