La culpa es nuestra

Nos pasamos el día buscando culpables. Por supuesto, los políticos, excepto Jacinda Ardern; el sistema; la España que otorga y la que escupe; los hijos bastardos de Nuñez de Balboa y los recién llegados a Galapagar; ese incompetente con cuerpo de jugador de la ACB; los mercados; los mercadillos de animales salvajes; la patronal; los de Bildu y el sobrado de Rufián; el progreso entendido como suma y suma, luego sigue como puedas; la hegemonía de lo exponencial frente a lo justo; la globalización “Made in China”, la ‘manifa’ de Abascal y sus derivas.

Algunos dirán, ¿pero de qué estás hablando? En realidad, saben perfectamente a lo que me refiero. Porque todos, repito, todos pudimos actuar de otra forma en el pasado, decir no, enmendar el rumbo, evitar el daño… y preferimos callar, atarnos los cordones o incluso intercambiar silencio por caceroladas. Primero ignoramos las recomendaciones de los agoreros, después perdimos la batalla frente a los que solo pisan la calle para ir al Corte Inglés y ahora no podemos despedirnos de los muertos.

Así es. Tenemos el mundo que hemos construido de una forma extraña, renunciando a mirar a los ojos del horror por miedo a no salir en la foto, por querer ser protagonistas cuando lo que corresponde es vivir sin dejar huella. Al final resulta que, cuando la culpa es de todos, nadie es culpable. Hoy es un día triste para conducir y ser español.

Ilustración: Thornton Utz

Ahora la ‘manifa’ de Vox…

Estamos llegando a un punto en que cualquier noticia resulta, cuanto menos, forzada, como si de pronto fuera imposible acomodar al vórtice de la realidad cualquier gesto o manifestación humana a expensas de la ciencia. Así nos encontramos a Defreds y Leticia Sala, Elvira Sastre y Marwan —la nueva generación de la cultura — reunidos telemáticamente con los reyes de cera, a Bisbal, Mercé y Miguel Poveda convertidos en representantes de la música española y a una señora llamada Maria Luisa Fernández encabezando un movimiento Tefal-fascista.

El siguiente paso, en plena progresión exponencial ultra, será la protesta a caballo-motor convocada por Vox para este sábado. Y es que, no contentos con congregar al ejército de tierra en nombre del odio, ahora es el turno del despliegue contaminante de un Abascal haciendo de malo de Mad Max —esperemos que con taparrabos— y guiando al pueblo en nombre de la libertad. A su derecha una limusina pintada con los colores nacionales y a su más derecha, por ejemplo, un tanque. Algo discreto.

Suponemos que esta nueva deriva vendrá secundada por miembros de todas las clases sociales, la Iglesia en modo avión, algunos inmigrantes de atrezo, un autobús con la bandera LGTBI a media asta, gente sin carnet y muchas familias camino del Mercadona atrapadas en un atasco tóxico. Paradójicamente, después del desfile no habrá saqueos ni ataques a sucursales bancarias. Se lo han llevado todo antes.

Ilustración: http://canvas.pantone.com/