Silencio… suicidio

Hallan muerta a … ; encuentran en su casa el cuerpo sin vida de…; falleció la actriz… Los titulares fomentan el misterio, lo que equivale a silenciar la causa de la muerte: 800.000 personas al año, una cada cuarenta segundos. Por supuesto, las tentativas no valen ni para un tweet y, en el caso de Verónica Forqué, la necesaria normalización del suicidio —primera causa de muerte en España— brilla por su ausencia… de pulso. Porque estar mal no es una opción. ¡Desterremos las emociones negativas que emborronan las cenas de empresa! El malestar ajeno… ¡fuera del hemiciclo! ¡Los niños no lloran! Entonces el daño en la sociedad es permanente. Y Verónica sonríe sin latido.

A pesar de tratarse de un grave problema de salud mental, esta torpeza periodística resulta macabra. La redacción bordea el suicidio, quizás por evitar un efecto llamada que no es tal, quizás por ignorar que los datos informan cuando vienen avalados por expertos. Mejor simplificar las causas —Masterchef le hizo mucho daño—, prescindir de los factores de riesgo —venden poco— e ignorar las circunstancias en torno a un hecho tan trágico como común.

La familia y los amigos echarán mucho de menos a Verónica Forqué, mujer que hacía reír sin intentarlo apenas. Sucede siempre con los cómicos, que llevan dentro la pena que no cabe ahí fuera. Tampoco hubo espacio en su obituario para las organizaciones que previenen el suicidio, tan necesarias, tan ignoradas. Ya lo dijo ella estando aún viva:«El secreto de la vida está en encontrar la fuerza, la energía o el amor necesarios para que la vida sea a la vez algo muy doloroso y muy pleno». Y se mató.

Ilustración: Paco Junquera