El ‘2x’ de los audios

El ritmo de los días es un ‘2x’. Todo sucede antes de que ocurra. Porque vivimos adheridos a la velocidad del mundo alrededor de un sol estático. Antes de pensarlo, ya se le debió ocurrir a un listo varias veces. Y el tiempo nos deteriora sin quererlo y los coches se saltan los semáforos y uno no entiende si detenerse implica frenar la inercia. Hace años que la prisa dejó de ser prisa para convertirse en anticipación. En todos los ámbitos excepto en uno: los audios del móvil. Ahí, en ese cajón privado, un segundo equivale a un invierno de esos lentos, fríos, muy lentos. Por favor, que la voz se calle pronto.

El fin de las llamadas ha supuesto el fin de la inmediatez propuesta por la vida moderna. El emisor habla, lo graba con el móvil cerca de la boca y da a enviar. Cuestión de segundos. Luego mira en la pantalla el doble check azul. Más segundos perdidos, décadas. El receptor, por su parte, tiene miedo de abrir algo que se parece a una historia interminable, al ruido de un pensamiento en caída libre que no espera respuesta porque se trata de una confesión. Menos mal que existe el ‘2x’ para perdonarnos.

Así, con el ‘2x’, la vida digital discurre al compás de la de carne y zapatillas. Por fin hay democracia real. Y la voz de la nota de audio se agudiza, pisa sus palabras para llegar al final antes que al oído del que quiere huir. Sí, la información es la misma, pero es otra, quizás más liviana, no una agonía. Necesitamos un ‘3x’ o un + ‘4x’, que el audio pueda abrirse como sinónimo de cierre. Velocidad a la contra del desarrollo. Después una explosión, una queja. Y pasa.

Ilustración: Guy Billout