¿Todavía no sabes por qué se celebra el 8M?

Todo comenzó con un «y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto y comió y dio también a su marido, el cual comió así como ella». Y a partir de ahí, tres pasos por detrás. Nefertiti trastorna a Akenatón; la reina de Saba pone en duda los dones del rey Salomón y va en busca del oro y sus ovejas; Aspasia de Mileto construye Atenas junto a Pericles pero se olvidan de incluirla en la placa conmemorativa; Cleopatra era la víbora que picó a César y Marco Antonio; Agripina se deshace de su marido para entronizar al pirómano Nerón. Y se señala a Pandora y su afición por las cajas de muerte y destrucción, a las sirenas y las mujeres de los deportistas cuando corren menos, a la Helena de Troya de las guerras en nombre del amor, a Melibea incitando a Calisto a hacer el mal…

¿Quién se acuerda de Emmeline Pankhurst, Ada Lovelace, Rosalind Franklin y Mary Wollstonecraft? La primera se empeñó en votar, Ada programó la máquina calculadora allá por 1842, la tercera fue pionera en el estudio del ADN y Mary se atrevió a dejar por escrito que «las mujeres no son inferiores al hombre por naturaleza sino porque no reciben la misma educación». ¿Y cuántos anónimos son mujeres? Jean Austen firmó “Sentido y sensibilidad” como By a lady, “Cumbres borrascosas” lo escriben Currer, Ellis y Acton Bell en nombre de las hermanas Brontë. Y por supuesto, la culpa de todo la tienen Yoko Ono y Corinna.

En el 2021 están cansadas de volver a casa con miedo, de ser juzgadas por querer una carrera profesional además de tener hijos y otro trabajo en casa, de ser consideradas una amenaza por atreverse a decir “no” y “yo también”, de ser tildadas de violentas al proclamar el feminismo como alternativa al capital, de esos «esa es puta-puta, seguro» en la alfombra roja y las aceras, de ser acuchilladas. Si con todas estas razones sigues sin entender que cada 8 de marzo se celebre el “Día Internacional de la mujer”, entonces eres el ejemplo perfecto del que ostenta un privilegio y aún no lo sabe. En realidad, todos los días lo son.

Ilustración basada en fotografía de Francesca Tilio

Las conspiraciones del virus

A pesar de lo que podría parecer, esta situación que estamos “padeciendo” —el verbo vivir sobrelleva peor el encierro— es única, pero no excepcional. Sucedió con la plaga de Justiniano (541-542), la peste negra llegada por agua salada (1346-1353), el cocoliztli en México (1519-1600), la gripe española bis (1918-1920), sin olvidar la viruela en Japón (735-737) o el VIH, todavía latente en nuestra sociedad desde 1981. Sin embargo, por primera vez en la historia y por culpa de las redes, asistimos no a una, sino a docenas de teorías “conspiranoicas” relativas al virus de los cojones.

¡Pónganse las mascarillas y los guantes! La culpa fue de un murciélago y una china con hambre; se trata de un invento comunista para dominar el capital, acabar con los viejos y despedirnos de la Unión Europea; es el nuevo hobby de Bill Gates y su mujer en su empeño por seguir abriendo ventanas al mundo; el profesor Chandra Wickramasinghe del Centro de Astrobiología de Buckingham afirma que el virus cayó a la tierra envuelto en una gran bola de fuego extraterrestre, más o menos del tamaño de la cabellera de Jerry Lee Lewis; ¿y qué decir de la construcción de las torres 5G? Pues eso.

Hay muchas más, y por una vez Yoko Ono no está involucrada en el asunto. De lo único de lo que podemos estar seguros es de que, en momentos así, con la realidad convertida en una medusa a la parrilla, es fácil dejarnos caer en las tentáculos de lo inverosímil y confiar en el credo de la ignorancia, más que nada porque buscar la verdad nos convertiría automáticamente en víctimas del desencanto. Y eso duele.

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