Colegios mayores

Hay gente buena en los colegios mayores. Mucha. Yo la conocí. También traté de lejos a los que humillaban por habitaciones, chicos listos, pijos con tendencia a confundir machismo y tradición, que lo pasaban bien hiciéndoselo pasar peor a los del primer año. A estos últimos les vi de noche y desnudos por el parque del Oeste, embadurnados en harina, con la cara pintada de pollas y proclamas, prueba a superar si querían integrarse. Mi amigo Diego se negó. Era y sigue siendo fuerte, alto, rotundo. Poco duró su resistencia, unas pocas semanas de estar muy solo. Tras la humillación, acabó entablando amistades, un poco como en el amor y los secuestros. Mi amigo Diego es buena gente.

Lo sucedido en el Elías Ahuja debería de servir para ver a los jóvenes en su dimensión real, todo menos un ejemplo, ni siquiera de juventud. Asomados a esas ventanas había instigadores y futuros ministros. Mientras, una gran mayoría gritaba «¡putas!» por miedo a las consecuencias de no hacerlo. Desobeceder tiene premio y una contrapartida duradera. Sí, serás fiel a ti mismo si te callas, en cambio tu realidad podrá resquebrajarse. Porque de joven el mundo puede reducirse a los muros de un colegio mayor.

Da miedo escuchar proclamas que hacen gracia a muchos. «Son jóvenes, no hacen daño a nadie», comentan algunas estudiantes que viven en el colegio de enfrente. Han normalizado tanto esta violencia que pasa por una travesura, incluso entre mujeres. Sucede siempre: «el ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona… y normalmente se calla». Hace tiempo que los viejos vienen confundiendo tradiciones con guías de comportamiento. La juventud lo corrobora. Es triste.

Ilustración: Guy Billout

6 comentarios en “Colegios mayores

  1. Buenos días, Javier.
    El problema siempre es el mismo, no existe el problema si no sale en los medios.
    Lo que cabrea muchísimo es que están en un centro educativo y permitir estas actuaciones, o las que comentas: novatadas, humillaciones, bulling y demás «bromitas» de los mayores, deben ser corregidas por los que regentan estos centros y no permitirlas porque es tradición o «es cosa de niños».
    No he visto en ninguna noticia que se haya expedientado o expulsado a los directores o tutores del centro. Es mejor cortar por abajo.
    Yo también recibí «mucha caña» de niño, con la permisividad de profesores y directores.
    Cuánta hipocresía.
    Un abrazo, amigo.

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    1. Sí, no entiendo por qué no se penaliza a los directores si esto viene sucediendo hace años. La actitud de las estudiantes (las que han salido a «normalizar» la situación) es increíble. Me imagino que es el mismo caso de la mujer abusada que no se da cuenta. Van por ese camino…

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  2. Algo estamos haciendo mal cuando hay quien lo justifica, incluso las chicas a las que llaman putas, zorras, etc. Los que lo hacen mañana podrán ser profesores o ministros. La educaci´ón, esa asignatura pendiente. Gracias por compartir.

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