Por un mundo de conciertos sin móviles

Si quieres ser revolucionario deja el móvil. Equivale a votar a Vox, pero sin consecuencias nocivas para la salud. Y es que Bob Dylan —un señor de 82 años con bigote— canta para recordarnos que un concierto es un rato a solas con música y gente, el único espacio donde lo que ves y escuchas se perderá en la memoria y que, por esa razón, nunca debería ser grabado. Sucede en ti, en tus amigos borrachos, en una audiencia capaz de regresar a un tiempo quemado que vuelve a brillar para ser música. Muy a favor de todos los móviles dentro de una bolsa de plástico durante los conciertos. Es más, obligatorio a partir de siempre.

Porque el móvil nunca mejora la realidad. Puede llenarla de información, de vídeos y poco conocimiento, puede conectarte con otros y relegarte a las últimas filas de la vida, pero jamás servirá para vibrar, aunque te vibre en el bolsillo. Haz la prueba (por llevarte la contraria): toma las bayonetas y vive al margen de la pantalla un rato. El tiempo pasa pasando entre las notas, te cuenta una historia que podría ser la tuya sin serlo. Por esa razón te pertenece. ¿Quién quiere escucharla además de ti? ¿Quién quiere un vídeo de un viejo o un tío en chandal? La música nunca se dirige a nadie en particular. De ahí que le hable a todo el universo.

La revolución comienza con un pensamiento. Luego se pierde o lo olvidamos en Videos. Es más, la revolución fue un móvil incrustado en las horas, los minutos y los conciertos. Imagino a Dylan cantando mientras lo graban. Se preguntará para qué vinieron si no están o están de pie con un móvil entre la mirada y las canciones. Sucedió así. Hace siglos íbamos a los conciertos a escuchar. Luego fuimos a escuchar lo que otros no podían permitirse. Ahora vamos para estar en dos lugares a la vez, queremos el presente y el pasado. Y perdemos todo. A tomar por culo el móvil, Roberto.

Ilustración: Simon Bailly

5 comentarios en “Por un mundo de conciertos sin móviles

Deja un comentario