El pico

España y su primer mundial de fútbol femenino. Ensombreciéndolo, el pico del presidente de la Real Federación Española, gesto espontáneo y festivo, «una gilipollez» a juzgar por la disculpa narcisista. Porque de «gilipolleces narcisistas» está plagado este sistema que no solo invisibiliza, ¿dónde está Jenny?, sino que legitima la agresión (acción contraria a los derechos de una persona). Rubiales no es el único ciego. Muchos hombres vimos las imágenes desde nuestra atalaya, siglos de inercia maquillando un presente supuestamente en contra. Ahí estaba el torpe que se viene arriba, un jefe feliz frente a una campeona hierática, ese cuñado tan español, tan nuestro. Con la calma se rompió el hechizo en muchos de nosotros. Fue algo repugnante por el contexto y la relación de poder. Si un presidente no sabe que un pico no consentido es cuanto menos reprobable, entonces tiene un problema. Peor; lo tenemos todos.

De pronto, algunos hablan de la nueva Inquisición, hordas de mujeres que quieren hacer sangre y cancelar y cancelar. Tienen claro que ellas no entienden la euforia masculina, la suya, la de siempre, costumbres tan arraigadas que cualquier reivindicación se percibe como amenaza. Rubiales debe de pensar en otras cosas mientras se disculpa «Estas chavalas son una creación mía, mantuve al entrenador y me adjudico el título. Vámonos a Ibiza, que yo pago». Responsabilidades de un hombre en el cargo. Siempre creerá que no hizo nada malo. Siempre.

Como Rubiales no tuvo malas intenciones, entonces el pico queda justificado, y más teniendo en cuenta la buena relación entre los dos protagonistas. El sistema posee unas raíces tan profundas que el cambio parece tan lejano como un nuevo presidente con melena. Visto lo visto, merece la pena hacer un recordatorio en contra de la resistencia machista. Resulta que es más importante cualquier paso, por pequeño que sea, hacia la igualdad de género que la consecución de un mundial. De nada, chicos. Os beso.

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