Mucha gente, pocas personas

Hay mucha gente sola. Quizás por esa razón aprovecha la luz para juntarse, para no escuchar el ruido en su cabeza, para sentirse un poco menos sola. Gente que se reafirma en seguir estando sola al rodearse de más gente. Ahí, siendo enjambre, desea con más fuerza regresar a casa y contar que, entre otros miles, había muy pocas personas. Hay gente sola blanca, gente negra, gente pobre y rica aislada para sentirse menos sola. No tengo claro quién es más esclavo, si el que acude a una calle abarrotada o el que necesita huir de la masa para criticarla. En una cosa coincidimos: el infierno son los otros.

Miro a las gentes solas en familia. Tiran del carrito del niño y arrastran el peso de los que no tuvieron casi nada. Debe consolar formar parte de una inmensa mayoría, de gente que compra cosas feas y pide un chocolate para calentarse las manos y el pecho. Hay mucho miedo a ser como los demás. por eso, al evitar serlo, volvemos al origen de esta soledad congénita, un invento que duele y sirve para crear belleza. Al nacer estábamos acompañados por madre. Luego crecimos y la sensación de ir alejándose creció aún más. Padre murió acompañado de madre sentada en una silla. No querer sentirse solo es estar solo. Le preguntaré a la muerte. Debe de estar sola; siempre vuelve.

En todas las manadas hay un perro al que la loba mata. Lo hace para garantizar la supervivencia de los cachorros y lanzar un mensaje de advertencia a los que nunca quisieron ser ovejas. El problema no es la gente, ni la gente convertida en moscas, ni siquiera los pastores que se pagan una puta para sentirse menos solos. El problema consiste en elegir un mismo lugar para reunirse mientras el mundo, al otro lado, se vacía, como si compartir calor nos hiciera olvidar nuestra condición de solitarios. Solo los que no alcanzan a hablar con su corazón estarán solos. Y la muchedumbre sigue andando a oscuras, iluminada por las luces más brillantes de toda la galaxia.

Ilustración: Simon Bailly

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