Solo se puede conocer el dolor cuando se pierde a un hijo. Lo demás son aproximaciones. Fue un accidente, se le paró el corazón mientras dormía, no pudo salir de aquella discoteca en llamas. Dentro de la sinrazón existe la posibilidad, pequeña como la uña de un bebé, de que el hijo muera por culpa de un golpe de metralla, de una bala dirigida al corazón de las tinieblas. El niño de la imagen no duerme, el padre se mancha con la muerte de su hijo. Entre medias hay noticias que importan más. El mundo debería pararse cuando suceden cosas como esta. Pero no lo hace.
Ante la pérdida de un hijo, el sufrimiento deja de ser una opción. El padre, el de la imagen, soñará con su hijo soplando las velas de una tarta, recordará aquella mañana que le vio salir de entre las piernas de la madre. Los tres lloraban. Ahora el padre llora hacia dentro, como lloran las bestias que han perdido el ritmo de las estaciones. Nosotros, europeos, tan lejos, somos testigos de un padre frente a su tumba, también la de su hijo, carne dolorida, carne muerta. Entonces el padre, cubriéndose la cara con la mano, entiende todo, también que la gente mire hacia otro lado. Porque todo lo pierde el que pierde un hijo, aunque los hijos creamos que perder a un padre pueda doler siempre. Lo que promete el dolor siempre se cumple. Dije siempre.
El padre sigue respirando cuando todo en la fotografía es muerte. Luz blanca sobre tela blanca, luz de un corazón que deja de latir. El milagro de la fotografía radica en la posibilidad de que el padre se levante, entierre al niño con sus propias manos y se aleje caminando solo. La muerte huele a injusticia, a flores secas y a conchas hechas añicos. Lo único que debiéramos temer es la muerte de la infancia. Lo que el niño necesita ahora es un baño caliente, que le limpien la sangre y que lo olviden. Quizás lo que los demás necesitamos sean un par de zapatos nuevos, vivir en paz sabiendo que la guerra enseña aquello que nunca necesitamos saber. Da miedo tanto dolor, da pena ver a un niño envuelto en un sudario de pura indiferencia.

Ilustración: Mohammed Saber
He llegado al final y justo es lo.qur yo pensaba decir acerca del sufrimiento de perder un hijo. Que muera un hijo por enfermedad, accidente etc tiene que ser durísimo, pero.que te maten a un hijo…eso ya el dolor no tiene fin, consuelo, ni razón.
Me gustaMe gusta
Es inabordable. Por eso hay que intentar escribir sobre ello…
Me gustaMe gusta
Buenas noches Javier Vidal… Confieso que tu texto me devastó profundamente (quizás sea mi mayor miedo… ya sea como hijo, padre o abuelo). Cuando perdí a mi sobrino, ante el dolor que se evidenciaba en los ojos de mi hermano, escribí en Facebook: … el hijo que pierde a su padre se llama HUÉRFANO, la esposa que pierde a su marido se llama VIUDA, pero… para el padre que pierde a su HIJO AMADO, el dolor es tan grande que ni siquiera tiene un nombre apropiado, pero que algunos insisten en llamar VACÍO. Escribiste magníficamente bien cuando dijiste eso: sólo se puede sentir el dolor cuando se pierde un hijo. Hermoso texto a pesar de estar triste! les dejo aqui un fuerte abrazo
Me gustaMe gusta
Hola, querido. Leí tu post en Facebook (fue viral). Así es, no hay nada más terrible que invertir el orden de las cosas. Gracias por comentar y compartir. Un abrazo enorme
Me gustaMe gusta