Cocinar como acto de amor

Sucede en la cocina de una casa, yo observo desde la ventana de la casa de mi novia. La luz amarillenta, una fachada de Madrid en calma, un pedazo de cielo azul en la parte superior de un cuadro de tarde. Lo primero visible son los brazos de él, finos, el jersey remangado hasta los codos. Coloca un pedazo de carne congelada sobre la encimera, abre un vino, enciende el gas y prende el fuego. Sus manos flotan en un juego de ingredientes. La luz cambia y a esas manos se unen otras manos de uñas rojas. El pedazo de carne se reblandece. Cae la noche en todas partes. Alguien enciende una bombilla. Yo observo desde la penumbra. Cocinar como acto de resistencia ante la velocidad del tiempo.

El pedazo de carne desaparece dentro de una olla. Se observan cambios, sutiles pero cambios. La botella más vacía, un vaso de vino medio lleno, la tabla de cortar cubierta de cebolla, puerros, ajo y pimientos, la manos unidas a los brazos, los brazos unidos a dos cuerpos sin prisa. Él añade pimienta con tres giros de muñeca izquierda, ella, concentrada en dar vueltas al guiso, se inclina e inspira el humo procedente de la olla. Dice algo que no oigo, debe de quedarle poco al guiso. Cocinar como forma de conocimiento del que come y ama dando de comer.

Las cuatro manos con sus codos recogen la encimera, un trapo da los últimos retoques. A mí me entra un hambre diferente, ganas de cocinar sabiendo que mi cena será un sándwich. Lo que he visto ha sido un baile de pareja, personas al margen de la ansiedad y en el borde de un plato sopero. Tienen que haber sido felices durante ese rato, así, los dos en una casa llena de olor y de sabores, un martes, compartiendo una historia sin receta, un presente en una casa templada, un pasado en la boca y una bolsa de basura. La cocina está llena de secretos. Y ahora también de mirones con el estómago vacío.

Ilustración: Mira Petrone

2 comentarios en “Cocinar como acto de amor

    1. YO QUIERO QUE ME COCINEN DULCES: TORRIJAS, BAMBAS, ECLAIRS, TARTAS DE LIMÓN, DE QUESO, DE LA ABUELA, profiteroles, PAN DE CALATRAVA, galletas de chocolate… Ay, ese es el amor, comer y comer dulce. Bueno, y el el jamón ibérico.

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