Tengo preguntas sobre los botones de la camisa, ese codo y esa intensidad, el irremediable paso del tiempo, la persona que le aconsejó posar sujetándose el peluquín y despechado. Sin respuesta. ¿Hay una edad determinada para hacerse este tipo de fotos? ¿Y alguna necesidad? No lo sé. Lo que sí que hay son posibilidades para estar «joven» a los 64 —dinero y cirugía plástica—, para creer que todavía se puede mantener la dignidad a pesar de la pérdida de colágeno. Los niños hacen cosas de niños, los mayores deben hacer cosas de mayores, los vivos se parecen a los muertos y los muertos acechan a los vivos. Tom hace lo que le apetece, ya sea colgarse de un avión en marcha, correr con los dedos de las manos muy juntitos. O el ridículo.
Alrededor de la portada del número de octubre de GQ sobrevuela el privilegio de siempre. Si Tom fuese una mujer, las críticas habrían sido aún peores. Pero es un hombre cienciólogo y famoso. Rescato alguno de los comentarios en redes: «Por favor, que alguien le diga al abuelo que se ponga la camisa y regrese a la base de operaciones antes de que lo busquemos con helicópteros». Otra: «Tiene la pose y la vibra exacta de la tía lesbiana de mediana edad de alguien». A los hombres se les permite envejecer, será porque están todo el día explicando el mundo. Engordan, pierden pelo, se compran una moto grande. A las mujeres, en cambio, se las despelleja. Caso aparte merece el tema de los gatos.
Tiene algo el cuerpo que nos vuelve locos. Lo mal que lo vivimos, desde fuera y desde dentro. La piel ajena o un colgajo propio nos ponen mal. Con el resto de cosas da un poco lo mismo. Es más, con el tiempo, la mente nos va llevando hacia lugares menos dolorosos, como si la tranquilidad tuviera más que ver con una mirada cansada que con el cansancio. En cambio, el cuerpo no perdona, hace ruido al agacharse, nos recuerda en cada espejo del techo lo que fuimos y ya nunca más seremos aquí abajo. Luego está el infierno de los otros. Pero de ellos no hay portada, solo un rumor de fondo y una risa.


Deja un comentario