Se ha rapado la cabeza…

Sé que muchos de vosotros estáis pasando por lo mismo. Su familia bien, gracias; sigue cobrando la prestación por desempleo o trabaja desde casa; se alimenta mejor, manteniendo la línea entre proteínas, hidratos y caroteno; nada de alcohol o sueños en los que un gato chino con el puño en alto como un republicano le araña la cara y, sin embargo, el otro día salió del cuarto de baño y os enseñó su nuevo ‘look’. “La madre que te parió” clamasteis, “¡te has rapado al cero!”.

Y así, de pronto, vuestro novio hirsuto es el vivo reflejo del niño del pijama de rayas, una víctima del sistema penitenciario casero que no tiene muy claro si lo hizo porque sucumbió definitivamente al aburrimiento, a la curiosidad de tener la expresión de grima de la teniente Ripley frente al ‘alien’ o porque era la mejor manera de desafiar las normas de género mientras nadie mira. Y es que ahora su cabeza es su peluche, el sustitutivo perfecto de ese labrador que nunca entró en casa precisamente por ser un foco de pelo móvil.

Que no os engañe, ¡la ha cagado! Pasados esos momentos de euforia amenizados con envíos masivos de ‘selfies’ a los colegas, entenderá por qué solamente Brad Pitt o Alberto Jiménez —excluimos a Zidane que es calvo calvo— son las únicas criaturas vivientes que pueden presumir de redondez sin alopecia y seguir levantando pasiones. Ya lo decía James Brown: «El cabello es lo primero y los dientes el segundo. Cabello y dientes. Si un hombre tiene esas dos cosas, lo tiene todo». Pues ahora muchos idiotas están rapados. Yo incluido.

¡Feliz cumpleaños, encierro!

Bueno, pues hoy se cumple un mes de encierro y habrá que celebrarlo de alguna manera, ¿no? Sobre todo teniendo en cuenta que nos espera un mes de abril con filtros de traje gris y destellos a lo Auschwitz-Birkenau. ¡Que no cunda el pánico! Porque si de algo ha servido el paso del tiempo —además de para ser testigos de la mayor tragedia de nuestras vidas—, es para sacar conclusiones certeras sobre esas criaturas fantásticas llamadas seres humanos. ¡Empezamos!

Lo primero es comprobar que médicos, transportistas, limpiadores y cajeras son las columnas sobre las que se sostiene este edificio en ruinas. Por no mencionar a esas actrices porno convertidas por polvo y gracia de Pornhub en los Bob Geldofs y Bonos del siglo XXI (con el 2020 en blanco). Ellas solas recaudan millones para la causa, no molestan con sus “cancioncitas”, alegran la vida del onanista digital y opinan sobre el sector de la cultura, ahora asociado al hashtag #parásito. Y sí, el puto Javier Vidal es un chapas del copón.

Mientras tanto, algunos consideran estos meses como unas vacaciones de interior no retribuidas, otras no pueden soportarlo y ven como su chico se convierte en compañero de piso —alargando la compra hasta que les cierran el Mercadona—, y todos —sin excepción— soñamos que un gato nos araña los pies y nuestro casero nos riñe por no tener pelo en el pecho. Y claro, Netflix y Filmin son las sagradas escrituras, tener cuenta en TikTok sinónimo de extravío y a partir de ahora los psiquiátricos sustituirán a los estadios de fútbol. ¡Feliz cumpleaños, encierro!