Solertad o libercismo

No se sabe muy bien qué sucede en España, nuestro mundo. Resulta que además de traiciones e infartos de miocardio, cada mañana asistimos a un fenómeno extraño: el significado de las palabras está cambiando, se difumina hasta alcanzar niveles dignos de una ficción de Pajares y Esteso. El ejemplo más claro es el eslogan de esa mujer de mirada e intenciones espurias: socialismo o libertad. Nótese el empleo, para nada casual, de la conjunción o que expresa diferencia, separación o alternativa entre dos o más personas, cosas o ideas. O eres de uno, susto y muerte de izquierdas, o eres de otra, la pizza con piña y de derechas. Elige. Y es ese punto cuando surge la necesidad de pensar por qué.

Así nos encontramos con que el socialismo del año 2021 es sinónimo de expropiación, quema de iglesias, supresión de privilegios, revolución bolivariana y castración de la iniciativa individual. Su significado, aunque resulte impensable, es otro bien distinto y aparece recogido en la RAE. En cuanto a la libertad, y sobre todo en un país llamado Madrid, su empleo está asociado a tomarte unas cañas y una de bravas cuando te salga de los cojones, olvidando que la propia existencia es el mayor acto de rebelión conocido. Lo sé, es complejo, pero se entiende mejor en el último párrafo. Y con una escena de la película “Easy Rider“.

Billy (Denis Hopper) le cuenta a George (Jack Nicholson) que el mundo se volvió cobarde, tiene miedo de alguien que vive encima de una Harley Davidson. George le explica que no tienen miedo de él, sino de lo que representa. ¿Miedo de un tío que necesita un corte de pelo?, replica Billy. No, tú representas la libertad, contesta George. De eso se trata, ¿no?, de ser libres, insiste Billy. Hablar de libertad y ser libre son cosas distintas, continúa George. Es complicado ser libre cuando te compran y te venden en el mercado, pero nada de recordarles que ellos no son libres porque entonces se cabrearán y estarán dispuestos a matar para demostrarte lo contrario. Se vuelven peligrosos. Pues eso.

Ilustración: http://www.tristaneaton.com

Pablo Hasél: el silencio como condena

Poco o nada ha sucedido desde la condena del rapero Pablo Hasél por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la corona y las instituciones del Estado. Desde el 29 de enero, fecha oficial del golpe, he contabilizado una pancarta en la sede del Partido Socialista de Lleida, cuatro menciones en Facebook y algo cercano a la total indiferencia. Es comprensible tal y como andan las cosas por la superficie, con la palabra responsabilidad convertida en género no binario y los usuarios de la ¿libertad? de expresión entre la espada y el hambre. Algo tendrá que ver que los hechos, siempre sujetos a la interpretación personal y transferible de unos y otros, manden y que el silencio, a veces, sea «la peor mentira».

Por algo el mono Iwazaru se tapa la boca con las manos, el sordo gana millones con su música y los demás miramos hacia otro lado cuando los macarras nos escudriñan en el metro. ¿Pero qué sucede cuando se emplea el término parásito para referirse a un organismo que vive sobre otra especie o en su interior, ladrón para el que oculta una fortuna en la isla de Jersey y mafioso por darse paseos con los bolsillos llenos de euros recién planchados? Que te meten en la cárcel.

Al igual que Unamuno se enfrentó a Millán Astray bajo los gritos de ¡muera la inteligencia!, nos debe de quedar muy claro que «vencer no es convencer», que los malditos y mil veces malditos intelectuales, teniendo cultura y medios bastantes, tampoco envenenan a nuestras masas haciéndolas creer que la felicidad está en el crimen, sino que intentan —muchas veces sin éxito— desenmascarar el ardor de la mentira. El verdadero crimen reside en el engaño, nunca en la ficción de las palabras, aunque éstas contengan la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Contigo siempre, Pablo.

Ilustración: Jordi Calvís i Burgués

Viviendo en el colapso

Hace meses que vivimos en un colapso. Poco importa que prescinda de las formas de esa gran catástrofe, el resplandor sordo, un ejército de zombies alrededor de una niña escondida debajo de la cama. En lugar de épica hemos de conformarnos con acontecimientos macabros pero invisibles, tormentas de nieve al cubo y ataques mal parados que podrían significar algo más de lo que en principio podríamos llegar a admitir. Quizás, y recalco el adverbio de duda, se trate de la confirmación del fin de un ciclo, la caída de una civilización industrial estirada hasta sus últimas consecuencias para terminar imponiendo una obviedad contra la que rebelarse: hasta aquí hemos llegado.

A partir de ahora, y siguiendo la teoría de Olduvai, parece plausible asumir que la sostenibilidad es ya un concepto del pasado, por lo que deberíamos comenzar a pensar en alternativas a la cotización en bolsa del agua, la escasez de petróleo y el proteccionismo de unos países encerrados fuera de sí mismos. Propuesta por el doctor Richard C. Duncan en 1989, la teoría cuenta con muchos detractores y, más allá de consideraciones apocalípticas, prescinde de la tecnología para diseñar con píxeles un avenir de edad de piedra poscovid. ¿Ciencia ficción bajonera? Puede ser. ¿Algo huele a podrido en el planeta de los simios? También.

De entre todos los obstáculos que nos frenan destaca la falta de confianza en nuestros supuestos líderes, incapaces, enzarzados en una continua bronca de Twitter al margen de la ciencia. ¿Por qué si hemos entrado en barrena ellos se empeñan en continuar por la misma senda, persistir en los mismos errores? El pobre Taylor gritaba aquello de «¡maníacos! ¡Lo habéis destruido! ¡Yo os maldigo a todos!» frente a una Estatua de la Libertad semienterrada. Cuesta comprender que sólo confrontado la realidad seremos capaces de cambiarla, de escupir el colapso del día a día.

Ilustración: GIF

Ahora la ‘manifa’ de Vox…

Estamos llegando a un punto en que cualquier noticia resulta, cuanto menos, forzada, como si de pronto fuera imposible acomodar al vórtice de la realidad cualquier gesto o manifestación humana a expensas de la ciencia. Así nos encontramos a Defreds y Leticia Sala, Elvira Sastre y Marwan —la nueva generación de la cultura — reunidos telemáticamente con los reyes de cera, a Bisbal, Mercé y Miguel Poveda convertidos en representantes de la música española y a una señora llamada Maria Luisa Fernández encabezando un movimiento Tefal-fascista.

El siguiente paso, en plena progresión exponencial ultra, será la protesta a caballo-motor convocada por Vox para este sábado. Y es que, no contentos con congregar al ejército de tierra en nombre del odio, ahora es el turno del despliegue contaminante de un Abascal haciendo de malo de Mad Max —esperemos que con taparrabos— y guiando al pueblo en nombre de la libertad. A su derecha una limusina pintada con los colores nacionales y a su más derecha, por ejemplo, un tanque. Algo discreto.

Suponemos que esta nueva deriva vendrá secundada por miembros de todas las clases sociales, la Iglesia en modo avión, algunos inmigrantes de atrezo, un autobús con la bandera LGTBI a media asta, gente sin carnet y muchas familias camino del Mercadona atrapadas en un atasco tóxico. Paradójicamente, después del desfile no habrá saqueos ni ataques a sucursales bancarias. Se lo han llevado todo antes.

Ilustración: http://canvas.pantone.com/