No siempre puedes conseguir lo que quieres

De pronto, el mundo se detuvo y con él todas las aspiraciones de sus sorprendidos habitantes. Los niños dejaron de querer ser futbolistas conformándose con salir un rato a la calle; los padres vieron sus opciones esfumarse, el nuevo restaurante, el viaje siempre postergado; y los mayores, como siempre, recibieron el golpe de gracia en el cuarto bien ventilado de la residencia. No lo soñamos. Simplemente la nieve ardió. Tampoco es que cambiara nada. Eso sí, por fin tu vecino es consciente de «que no siempre puedes conseguir lo que quieres».

Cada día se muere un sueño. Unas veces porque el talento no es suficiente para colmar unos objetivos poco realistas. Otras porque, a pesar de seguir a rajatabla los libros de autoayuda y las frases “aspiracionales” del gimnasio, faltó ese punto de cruz entre preparación y oportunidad. Pero existe un grupo encarnado por una señora con cara de cigüeña militante en un partido de derechas que rompe este maniqueísmo.

Ella y otros como ella consideran que el horror es el caldo de cultivo ideal para obtener aquello que tanto ansían mantener. Y es en ese momento cuando llega el final del estribillo, aquel «pero si lo intentas a veces, bueno, puedes conseguir lo que necesitas». Ahí reside el problema de esta gente, en confundir necesidad y privilegios. Por eso apelan al pasado cuando el presente solo es ruina, para mantener su derecho a soñar con los ojos abiertos mientras el resto no logra dormir la puta siesta.

Ilustración: https://tylerspangler.com/

El sueño más loco

Ahora que los días se han convertido en el sueño recurrente del mono loco —vigilia rara sin rastro de Bill Murray—, las noches son el espacio perfecto para soñar otra vez… con manadas de monos bizcos. Porque si algo tienen claro los neurólogos es que, en este 2020, lo hacemos a todo color (en casa), y que los sueños —a pesar de las teorías de Jung y Freud— no contienen significados ocultos. Eso sí, lo que sucede últimamente en nuestra cabeza es una carrera de bobsleigh entre la razón perdida y la emoción dopada.

¿Cómo explicar entonces que cada vez que cierro los ojos y acaricio la fase REM suena “It’s the end of the world as we know it” mientras Hervé Jean-Pierre Villechaize me amenaza con un pato de goma? Para aquellos a los que no les diga nada el nombre, se trata del doble enano de Felipe González —en realidad era más bien un tercio del presidente—, famoso por aparecer en “El hombre de la pistola de oro” junto a James Bond y gritar “¡el avión, el avión!” en una serie de la ABC. El pato es 100% polietileno. Seguro.

Así es como algunos sobrellevamos este trauma humanitario, una manera de integrar en nuestra psique los mensajes televisivos cargados de unión y falsa esperanza, las ganas de montar en globo y ensuciar el monte, la falta de memoria y centímetros, lo mucho que nos apetece ponernos pedísimo con los colegas y lo poco que echamos de menos la Orquesta Mondragón, los expresidentes y la vida convertida en sueño.