Soy igual de gilipollas que Javier Marías

Así es; no me gustan las aglomeraciones, el pedo a ritmo de tecno o marchas procesionales, las celebraciones masivas en las que la reivindicación pierde terreno ante lo puramente lúdico. En definitiva, no creo que la Semana Santa y el día del Orgullo Gay difieran mucho excepto en una sola cosa: que esto último debería hacerse extensivo los 365 días del año.

Entiendo que el movimiento LGTB intente prosperar año tras año tras siglos de persecución —no ya de la homosexualidad, sino de la diferencia en los planteamientos vitales de cada uno— e incremente su exposición mediática con una gran fiesta, que es lo que nos gusta a todos… o a casi todos. Que fletar autobuses llenos de cachas que te hacen la boca agua, forrar las paredes con banderas ARCO Y RIS y convertir la ciudad en un campo de libertad de expresión se imponga ante la retrógrada mentalidad de un gobierno que no reconoce el derecho más elemental de la vida y el amor: QUERER A QUIEN QUIERAS, pero ¿por qué me gustan tan poco las concentraciones que toman la calle?

fiesta gay 2015

Estar rodeado de chulazos perfumados antes que de fervorosos creyentes envueltos en ropajes de castidad y regalar condones en lugar de balas es lo más, pero que tengamos que estar hablando de los derechos y libertades del amor el 1 de julio de 2016 representa un enorme fracaso del hombre como animal social, ese que se forma y educa mejor cuanto más apretado camine. En cambio, en días tan señalados me quedo en casa y rezo con todas mis fuerzas para que todo termine pronto porque me da miedo la masa. Ah, también hecho de menos el silencio.

Que vuelva, y también que el lunes se insista en la idea de que dos chicos besándose por la calle, una pareja de mujeres criando un niño, una chica llamada Maricarmen que nació Ricardo y se siente mujer y quiere ser sargento en el ejército, un maricón y un transgénero son la representación de una sociedad más plural, menos rara, pero sobre todo más humana, un espacio para todos, incluso para tipejos como yo, sin el valor para salir a la calle a experimentarlo porque en el fondo soy aburrido y bajito como Javier Marías y me jode ver como Madrid se convierte en el centro de todas las miradas, esas que quieren cambiar el mundo porque de eso va todo esto, ¿no?, de cambiar y sentir por el camino. ¿Es mucho pedir que  para el próximo año pongan a Wilco o a Divine Comedy como hilo musical en lugar de la insoportable Lady Gaga? Sí, lo es.

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