Qué significa ser Jean Michel Jarre

Imagínate que te llamas Jean Michel y vives en un pequeño apartamento cerca de los Capos Elíseos en el año 76, momento cronológico en el que tiene lugar el primer vuelo del Concorde, roban del palacio de Avignon 119 cuadros de la última etapa de Picasso y Adolfo Suarez es nombrado presidente del gobierno de España.

Para poder ganarte la vida haces canciones para cantantes a los que respetas poco pero que te dan de comer y por las noches, cuando todo el mundo se ha ido a sus putas casas después de haberse gastado enormes cantidades de dinero en cosas que no necesitan, grabas en la cocina una música que se aleja de todo lo que domina las radios de la época (ahí Barry White, Eagles y Steve Wonder pueblan las cimas nevadas de los más vendidos) y te dejas llevar con la única intención de encontrar un camino que es a la vez una nueva ruta en tu vida y una revisión de todas las influencias que han marcado tu trayectoria musical.

En esa ecuación no entran ni el dinero, ni la fama y mucho menos la popularidad porque no nos olvidemos (y con esto cito textualmente a idiotas como Justin Bieber, Miguel Bosé o Two Door Cinema Club) que la música tiene mucho más que ver con tu propia voz, esa que está escondida dentro de ti (apenas iluminada por una vela pero que está esperando ser descubierta o apagada) que con el hecho de llenar salas y encerrar a “groupies” con el maquillaje corrido en camerinos autografiados por aquellos que quieren pasar a la historia de la historia.

Oxygene_album_cover

Y cada mañana te acuestas en esa cama que hace ruido cada vez que te giras sobre el costado derecho y te das cuenta que va a ser una movida encontrar una discográfica en la que te publiquen el disco porque esto no hay dios que se parezca a nada de lo ya existente, y claro, eso el mercado lo lleva fatal y mucho peor los que creadores de productos masivos. Y resulta que pasados los meses te das cuenta de que estabas equivocado en todo y que precisamente la diferencia es precisamente lo que necesita la gente, porque aunque Mariano diga lo contrario, la música nos alimenta y nos hace un poco más felices.

¿Qué ocurrió? Nada.Simplemente Jean Michel no tuvo miedo de que no ocurriera nada y se dejó llevar. Eso es la música, un remolino de emociones que van directas a ese lugar entre los oídos, el corazón y los genitales y que, de vez en cuando, algunos, solo unos pocos, se encargan de levantar del lecho de muerte, de lavar y enjabonar, de peinar y de conducir a una ventana desde la que se divisa el sol por detrás de la torre Eiffel después de la lluvia.

No fue un sueño, querido Jean Michel. Fue la música. La tuya. Merci mon ami.

 

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