¿A cuánta gente conoces a lo largo de tu vida?

Naces. A veces en una familia de varios miembros, en una casa de ciudad, normalita, cerca de un colegio desde donde se oyen las campanadas de la iglesia cada hora en punto. Nada más hacerlo ya te chivan al oído que vivirás entre 78 (barra) 79 años y comienzas a recordar a las personas a partir de los 5. Y ya está: eso es la vida de manera simplificada.

Pero supongamos que vives en una ciudad más o menos grande y una vez crecidito interactúas con una media de tres personas al día que multiplicadas por 365, si incluimos los años bisiestos debemos añadir un molesto 0,24 en la cuenta, nos dan un resultado de 80000 personas a lo largo de toda una vida. Hasta aquí las matemáticas no engañan pero, ¿cuántos de ellos dejan en ti algún rastro, un pequeño reguero en la memoria que te lleve a intentar recordar como eran sus ojos el día que te cruzaste, o se cruzaron, en tu camino?

Si incluimos a los del trabajo, de lunes a viernes y a las 17h saliendo por la puerta, nos salen 15 que, sumados a la familia (primos, tíos, sobrinos) de aproximadamente 14 miembros y a los amigos (personas que reciben este apelativo porque no te sientes incómodo al sentarte con ellos si te los encuentras por sorpresa en algún bar) que son unos 150, obtendríamos a 180 personas que te importan un poco más que los niños de Siria o los inmigrantes que cruzan el Estrecho.

Por lo tanto, suponiendo que cada uno de nosotros somos una copia de una copia de una copia, carne, huesos y algo de emoción perfectamente intercambiable, conocemos de manera indirecta (nos basta con aplicar el cálculo inicial a los 180) a millones de personas que no son conscientes de nuestra existencia y sin embargo comparten con nosotros un vínculo invisible que a veces el mundo empresarial define con el término clientes potenciales, palabras susceptibles de aplicarse a aquellos a los que podrías destinar, sin ningún esfuerzo, una pequeña fracción de ese gran desconocido llamado amor.

Mueres. Pero antes de hacerlo miras atrás y asistes a dos fenómenos fascinantes: que esto se te ha hecho muy corto y que recuerdas de manera vaga todas y una de las caras con las que te cruzaste a lo largo de los años pero no tienes ni la menor idea de quién fuiste, de quién eres o de lo que serás cuando la luz se apague, cuando tus ojos se cierren por última vez.

Ama. Amen. Amé. Amén.

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