Lo importante es lo de menos

Lo importante es lo de menos. Así se rige la superficie del mundo. Las cosas importantes les importan a aquellos que lo pierden todo. Es más, solo es importante aquello que se aferra a la memoria y vuelve hecho de viento. El resto, paja. Pero ¿qué es lo que importa? ¿Qué es lo que realmente importa? Ni las canciones, ni los libros, ni siquiera subir una montaña. Lo que importa es mantener cierta esperanza, abrir el pecho, darse cuenta de que la gente importante también muere. Deténte. Observa las cosas de cerca. Si las pierdes de vista entonces importan. Y mucho.

El trabajo trae desvelo a mucha gente triste. Importa poco. La fe garantiza la vida eterna. ¿A quién le importa? El dinero facilita una felicidad que viene o va. Importa aún menos. Las cosas invisibles. Esas, esas. Puede ser una mirada, un gesto, una boca o su recuerdo. Estamos ciegos si creemos que le importamos a los demás. Uno se importa a sí mismo y ni siquiera eso: el maltrato se ceba con el cuerpo. «Eres importante en mi vida», dijo antes de desaparecer de la mía. La sigo viendo en sueños.

Importa saber decir que no, importan los principios, aunque tengamos otros. Importa el porqué más que el cómo, la búsqueda más que el asesino, aquello que sucede en la intimidad frente a lo que se pone en venta. Hay que quitar y quitar para llegar al tuétano. Lo contrario implica mentirse para pasar este mal trago. Beber agua, eso importa. Lo que importa es tan pequeño, tan perfecto. Por eso yo también te ofrezco el aire de la calle. Me importas. De verdad me importas.

Ilustración: Takeshi Miyasaka

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