El fascismo enarbola su propia bandera democrática. Lo que parecía impensable ha sucedido. Así, una banda de matones y nostálgicos entra en los ayuntamientos. Y quiere más. Es más, lo quiere todo. Porque aquí sobra chusma, es decir, maricones, inmigrantes, progres y titiriteros. Su fuerza ha sido el cazador, el currito, el desesperado, el joven. ¿Cómo entender, si no, que el hijo del portero, el del bajo, vote al extremo? ¿Cuándo ser fascista fue moderno? Ahora. La sociedad a la que aspiran está muerta, de ahí que traigan ley y orden. Primero prohibirán el carril-bici, luego volverán los plásticos, más coches de gasolina, la censura como unidad del daño, la familia tradicional en el centro de la tierra, la heterosexualidad como norma entre los hombres hombres, las mujeres, ay, las mujeres. Si por ellos fuera, derogarían la luz de cada amanecer. Por y para España.
Hay que dejar de ser tibios con ellos. Al fascismo se le combate con acción, conciencia y la normalización de la palabra antifascismo. Hacen falta arcoíris, uno por cada balcón de tu ciudad, menos cobertura de sus actos, darles la espalda cuando vengan a dar sombra con los puños. No hay nadie más cobarde que un fascista, no hay nada peor que esa superioridad de sangre. Si les molesta inventemos más pronombres, siglas, salgamos en carroza, pintémonos la boca y gritemos por la izquierda: «no hay nadie por encima de este pueblo». Algunos montan a caballo.
Al fascismo le conviene conquistar las bases para dominar y subyugar la cima. Su diana se llama libertad. Sin libertad no hay patria. Si eres como eres nunca podrás ser como ellos. El diferente tiene los días contados bajo su mandato. Ni un paso atrás frente a su hombría, ni un solo silencio frente a la renovación que ellos predican. Debemos ser intolerantes con la intolerancia, acorralarla, apelar a la razón y prescindir de vísceras. ¡Que vienen los fachas! Y en lugar de escondernos, mostramos las heridas en el pecho. Pasad de la izquierda, del centro y la derecha. Sed antifascistas.

Ilustración: Riki Blanco
Muy cierto, amigo Javier.
A mí, que me duelen las canas, no me sorprenden estos «nuevos amaneceres» de salvadores, justicieros y ángeles del nuevo orden. Pero me duele mucho.
Que los fascistas voten a la derecha es hasta una razón de ser; que lo hagan curritos, estudiantes, «diferentes», y tantas víctimas potenciales de sus desmanes te rompe la cabeza.
Pero esos los tiempos que nos toca vivir; no tan distintos a aquellos en los que ya pasó lo mismo.
Espero, por el bien de tu generación y las que vienen pisando que no terminen igual.
Fuerza, crítica y esperanza, amigo.
Un ABRAZO
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Hay que seguir y seguir contra ellos. Siempre. Otro abrazo
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Juanjo, me pones muchísimo. Quiero hacerte el amor bajo la luz de la luna, que es de izquierdas.
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Matamos el tigre y nos asustamos con la piel. Mueren las religiones y su moral, pero nos inventamos los nuevos «buenos», los progres y todo lo que le cabe a ese arcoiris de abusos y de identidades extremas autojustificadas. Me encantó esta entrada.
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¡Vamos! Mil gracias
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Zzzzzzzzzzzzz
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